domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 8


Si no hubiera sentido lo mismo que él en el armario, poco le habría importado que se quedara o no. «La dama protesta mucho», pensó. Sólo había una conclusión posible. Mariana Espósito aún sentía algo por él. Lo cual era la guinda que colmaba la tarta.
Lali: No va a quedarse aquí —afirmó— Y por supuesto que no va a quedarse en la casa de invitados.
Nico: Mariana, es sólo una semana —indicó—. ¿No es así, Peter?
Peter: Hasta después de la reunión —asintió éste— Por entonces habré encontrado una casa.
Lali: ¿Una casa? —preguntó— No pensarás trasladarte acá, ¿verdad?
Peter: Eso es, princesa. Vuelvo a casa.
Lali: No me lo creo —agitó la cabeza y los rizos le dieron un aire dramático al movimiento— No me lo creo —repitió y se acercó más a él; plantó un dedo en su pecho— Me voy a casar con Pablo —volvió a clavarle el dedo— Soy muy feliz.

Peter le aferró la mano y quiso decirle que ellos podrían haber sido felices si hubiera creído en él. Quiso mostrarle su cartera de valores, mostrarle el beneficio neto de la empresa que había fundado. Pero no lo hizo. La soltó.
Lali: No voy a dejar que arruines esto —añadió. Puede que sus labios dijeran que no, pero, maldita sea, sus ojos expresaban otra cosa. Lo que veía allí era agitación mezclada con fuego. Lo sabía porque ya lo había visto con anterioridad, justo después de casarse y al ir a vivir juntos. Cada vez que hacían el amor. Si en el armario hubiera habido una luz, también lo habría visto allí. Si había albergado alguna duda, la expresión de sus ojos la disipó.

Ella debió percibir algo igualmente revelador en sus ojos, porque apartó la vista y se volvió hacia su novio.
Lali: Pablo, di algo —pidió, soltando la mano del apretón de Peter— Decile que se marche— Pablo tosió. Se acercó a Lali y le rodeó la cintura con el brazo. La pegó a su cuerpo y luego sonrió, una sonrisa elegante y practicada cuyo objetivo era aplacar pero no ceder. ¿O sólo se debía a su maquillaje?
Pablo: Yo tengo un cuarto de invitados en mi casa —le ofreció a Peter— No es mucho, pero eres bienvenido a ocuparlo— Peter tuvo que meditar unos momentos. Había supuesto, en especial después del apretón de manos, que Pablo no iba a representar ningún problema. Con lo que sabía de él, no había podido predecir esa situación. Pero debía haber imaginado que Lali no elegiría a un perdedor.
Peter: Gracias, amigo, pero quiero recuperar el tiempo perdido con Nico y Gime. Hace mucho tiempo que no estoy en casa, y no quiero pasar por alto la oportunidad— Pablo apartó a Lali un poco hacia atrás y pareció erguirse aún más.
Pablo: Lo entiendo -dijo en voz baja y, si era posible, más suave— Pero parece que a Lali eso no le gusta— Así que iba a ser de esa manera, ¿eh? Peter enderezó los hombros y se preparó para la batalla. No emplearía la fuerza... era algo a lo que no había sucumbido desde el instituto. Pero, no obstante, se saldría con la suya. No había llegado tan lejos para dejar que ese abogado lo frustrara.

La mano de Pablo cayó de la cintura de Lali. El ruido a su alrededor pareció disminuir. Lali se interpuso entre los dos hombres, mirando a uno y a otro.
Lali: Paren ahora mismo. Los dos. La gente está escuchando— Entonces un flash brilló delante del rostro de Peter, seguido de dos más en rápida sucesión. Alzó la mano con la intención de apartar los puntos blancos de sus ojos —¡Eh!—oyó la voz de Lali pero seguía sin poder ver— ¿Qué estás haciendo? —le preguntó al fotógrafo.
—Obtener una exclusiva para la primera página —repuso el otro.
Lali: No. Dame el carrete ahora mismo.
—¿Bromeas? ¿Dejar a dos Fantasmas luchando por Christine? Vamos, es la primera cosa interesante que ha pasado en toda la noche.
Lali: ¿Sabes quién es mi padre? —preguntó ella de modo imperativo. Peter reconoció muy bien ese tono. Y las palabras. La visión se le aclaró a tiempo para ver al fotógrafo correr en línea recta hacia la puerta. Lali se volvió a Peter y lo empujó hacia delante— Haz algo— No fue tras él. Aún no. No estaba seguro de si quería que el periódico publicara su foto. Antes de poder decidirse, Cande pasó a su lado.
Cande: Iré yo —anunció— Ustedes piensen que van a hacer con Peter— La sala se había quedado silenciosa, y todo el mundo observaba al pequeño grupo en el centro. Rochi meneó la cabeza.
Rochi: Si quiere una exclusiva fotográfica, debería probar en el armario de los abrigos— Lali abrió la boca, luego se acercó a su mejor amiga.
Lali: Rocío, en momentos así podría arrancarte la lengua— Rochi parpadeó y Peter sonrió. Ésa era la joven a la que recordaba. Lali la Magnífica, capaz de derribar egos con un solo comentario. Había temido que los años la hubieran amilanado. No era así. Al menos no del todo. A menudo había pensado en el tipo de mujer que llegaría a ser. De momento, le gustaba lo que veía. Salvo su asociación con el abogado, desde luego.

Estaba claro que Rocío había comprendido el desliz cometido. Se mordió el labio, le sonrió débilmente a Lali y empezó a retroceder con pasos cortos.
Rochi: ¿Dónde anda ese camarero? —dijo con tono de culpabilidad— Tengo tanta sed que podría... —no terminó la frase, dejando la puerta bien abierta para la pregunta de Pablo.
Pablo: ¿A qué se refería?
Lali: Oh, ya conoces a Ro —Lali miró a su Fantasma— Siempre mete la pata.
Pablo: Pero, ¿de qué hablaba? ¿Qué hay en el armario?
Lali: En realidad, nada —apoyó la mano en el pecho de él— Ya conoces a Rochi —repitió. La situación era fascinante. Peter supo que Pablo no la creía, pero Lali movía las pestañas. El tipo no tenía ni una posibilidad.
Pablo: Bueno, aún no hemos resuelto el tema principal —anunció, sonando como el abogado que era. Se volvió a Peter, pero su fruncimiento de ceño perdía parte de su efectividad debido al lápiz de labios— He de decir, Peter, que no me entusiasma la idea de que te quedes en la casa de invitados.
Peter: Sólo será por unos días —se cercioró de que su voz no tuviera ni un deje de combatividad— No tienes nada de qué preocuparte. Su relación es sólida como una roca, ¿no? ¿Dos corazones a punto de convertirse en uno? ¿Amantes, espíritus afines, amigos? Pablo: Sí, pero...
Peter: Bien, entonces arreglado —se dirigió a Nico y Gime— Agradezco su hospitalidad.

Gime hizo un gesto desdeñoso, pero Nico asintió. Apoyó la mano en el hombro de su esposa y Peter supo que el debate se había terminado. Luego, miró a Lali, que lo contempló con la clase de mirada furiosa reservada a los asesinos en masa.
Peter: Dejaré que vuelvas junto a tus invitados. Voy a cerciorarme de que nadie más me confunda con el novio.

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