domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 16


Lali despertó y bajo a desayunar, cuando entró al comedor vio que Peter ocupaba su sitio a la mesa del desayuno. Bebía el café de su taza favorita. Leía su sección del periódico. Maldita sea. Pasó a su lado en línea recta hacia la cocina. Ni siquiera saludó a sus padres ni a Cande. Lo único que quería era un buen café cargado y unas cien aspirinas.

Julia, la mujer que se ocupaba de la casa desde que Lali tenía 7 años, se hallaba junto a la cafetera. Había dejado la fiesta en manos del servicio de catering. Su trabajo no incluía reuniones de más de diez personas. Por su ceño fruncido, Lali pudo ver que no se sentía nada complacida con el modo en que el personal del catering había dejado las cosas.
Julia: Rompieron tres platos —dijo sin molestarse en darle los buenos días— Rayaron el suelo y dejaron un montón de colillas de cigarrillos al lado de la puerta.
Lali: Lo siento, Julia. Pero anoche hicieron un buen trabajo.
Julia: Eso espero —le sirvió un café y se lo pasó— Veo que ha vuelto.
Lali: Sí —aceptó la taza con agradecimiento— Sorpresa.
Julia: Vaya sorpresa. ¿Qué quiere?
Lali: Dice que busca una casa.
Julia: No la encontrará en el comedor.
Lali: Supongo que hoy quedará con algún agente inmobiliario.
Julia: ¿Y tu futuro marido sabe que está aquí?
Lali: Pablo y él se conocieron anoche.
Julia: Hmm. ¿Y qué dijo Pablo?
Lali: Se mostró muy gentil.
Julia: Bueno, yo huelo problemas.
—Julia, me sorprendes —interrumpió una voz profunda— ¿Problemas? ¿Yo?
Lali giró en redondo y miró al hombre que estaba de pie en la puerta de la cocina. Su primer pensamiento fue lo elegante que era. Daba la impresión de que él, más que ella, pertenecía a ese lugar. Con sus pantalones de color caqui, su polo color beige y el cabello levemente húmedo, era el retrato de un caballero bien educado. Nadie sospecharía jamás que había crecido en un barrio marginal.

Julia emitió un «mmm», pero cuando Lali la miró, pudo ver el esbozo de una sonrisa en el rostro pálido de la mujer mayor. Ya se habían acabado los problemas.
Peter: Hola, Julia, amor mío —ella no le respondió. Él se acercó por detrás y le dio un beso en la mejilla— Te he echado de menos.
Volvió a soltar un «mmm», pero Lali supo que le encantaba la atención que le prestaba. Julia siempre había tenido un punto débil por Peter, aunque se iría a la tumba negándolo. Peter rió y se volvió.
Peter: Lali —se acercó a ella— tengo una proposición para vos.
Lali: No.
Peter: Aún no oíste de qué se trata.
Lali: No importa. La respuesta es no.
Peter: Veo que debería haber esperado hasta que te hubieras tomado el café —sonrió.
Lali: La cafeína no es el problema. Tú lo eres. ¿Por qué no estás buscando casa?
Peter: Eso forma parte de la proposición. Quiero que me acompañes.
Lali: ¿Por qué?
Peter: Por varios motivos. Uno, respeto tu opinión. Dos, conoces bien el lugar, y tres, quiero que hablemos.
Lali: ¿Sobre qué?
Peter: ¿Tú qué crees? Ha pasado mucho tiempo. Tenemos algunos asuntos que hemos dejado inconclusos.
Recordó las palabras de su padre la noche anterior. Peter quería su disculpa. No sería capaz de mirar a su padre si no lo hacía. Aunque no sería fácil. No sólo porque tendría que disculparse con Peter. Sino porque ya reaccionaba a su proximidad con el corazón acelerado y tensando unos músculos que no tendría por qué tensar. Y aún ni siquiera había tomado el café. Maldita sea.
Gimena: Lali, creo que será mejor que vengas aquí —llamó su madre desde el comedor.
Peter mantuvo su mirada un segundo más, luego ella se liberó y repuso:
Lali: Ahora voy.
Gime: Tenés una llamada telefónica —anunció
Lali: ¿Quién es? —poco importaba. Lali agradeció la distracción.
Gime: Darlene.
Dejó la taza sobre la mesa y se acercó a la mesita del teléfono. Se preguntó si la llamada de Darlene tenía que ver con la fiesta o si quería hacerle más preguntas acerca de la boda. Como consultora de celebraciones, estaba realizando un trabajo impecable, aunque parecía un poco excitable dada la naturaleza emocional de su trabajo.
Al asir el auricular, le echó un vistazo al periódico que había junto a la bandeja de caramelos. Era la sección de sociedad, donde se publicaban los anuncios locales. Sólo que en esa ocasión ella y los dos Fantasmas abarcaban la primera página. Menos mal que había dejado el café, o se le habría caído sobre la alfombra persa.

Lali: ¿Hola? —chilló sin apartar la vista del diario.
Darlene: ¿Se ha cancelado?
Lali: ¿Perdón?— Lali no podía creérselo. Era una foto horrible.
Parecía que acabara de ver a un fantasma, y Pablo y Peter daban la impresión de estar a punto de pegarse. El texto del artículo era bastante inofensivo. Una simple descripción de los asistentes a la fiesta. Pero la foto no era la instantánea corriente de una boda. Luego, leyó el pie. Se habían equivocado con los nombres. Indicaban que se casaba con Peter.
Darlene: La boda. ¿Se ha cancelado? Ya he enviado las invitaciones. El catering ha realizado sus pedidos. ¡Y las flores! ¡Dios mío!
Lali apenas oía la voz jadeante de Darlene. Observó la foto, luego el pie, después otra vez la foto. ¡Indicaban que se casaba con Peter! ¿Qué iba a decir Pablo? Ya se imaginaba los rumores.
Todo era culpa de Peter. ¿En qué demonios pensaba al regresar a su vida?
Darlene: ¿Lali? ¿Hola? ¿Estás ahí? ¿Se ha cancelado la boda?
Lali: Nada se ha cancelado, Darlene. La boda continúa según lo planeado. ¿De dónde sacaste la idea de que no era así?
Darlene: Del periódico. Ponía que te casabas con alguien llamado Peter Lanzani.
Lali: Es un error. Nada más.
Darlene: Pablo no pensaba eso. Hablé con él esta mañana. Quería que me confirmara quiénes serían sus padrinos y que se probara el esmoquin una…
Lali: ¡Darlene! ¿Qué dijo Pablo?
Darlene: Oh, bueno, pareció irritado.
Lali: Confía en mí, Darlene —luchó contra el pánico que invadió su pecho— La boda va según lo planeado. ¡Todo va bien! —miró hacia la mesa, a Peter que comía con tranquilidad su beicon como si fuera inocente. Luego, contempló a su madre, con la boca tan tensa que pensó que podría romperse.
Darlene: No me grites —pidió— No soy yo quien cometió el error.
Lali: Tenes razón —se obligó a calmarse— Fui yo. No tú.
Darlene: Muy bien, entonces. Volveremos a hablar esta tarde.
Colgó y se volvió a Peter.
Lali: Gracias de nuevo por aparecer anoche— recogió el periódico y se lo tiró.

No hay comentarios:

Publicar un comentario