domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 30


El salón del hotel era un estudio en azul y blanco, los colores del instituto de River Oaks. Cintas, globos, arreglos florales, manteles, todo hacía juego. Fotografías ampliadas procedentes del anuario alineaban las paredes, y cada mesa redonda exhibía un pequeño tigre de plástico en el centro, la mascota del colegio.

Lali siguió a Peter a la mesa de registro. Mucha gente había llegado antes que ellos, quizá unas cien personas. Reconoció a Penny Kasey sentada detrás de la mesa de ingreso.
—Eh, Lali —saludó Penny— No te he visto en siglos. ¿Cómo te va?
Lali: Bien —aceptó el adhesivo con su nombre— Tienes un aspecto estupendo.
Penny: Gracias… —Pero cuando Lali alzó la vista, descubrió que Penny tenía cosas más importantes que un cumplido en las que concentrarse. Estaba arrobada con Peter, y se lo comía con los ojos. Vio que las otras mujeres en la mesa de entrada hacían lo mismo. Todas lo miraban como si figurara en el menú de los postres.

Penny logró que sus manos se tranquilizaran lo suficiente como para sacar una etiqueta adhesiva.
Penny: ¿Cómo te llamas, encanto? —preguntó, su voz una invitación.
Peter: No soy un invitado. Soy un alumno— Penny le lanzó a Sandy Weider y a Linda Barrett, las otras dos damas hambrientas, una mirada sorprendida. Cuando volvió a mirar a Peter, lo hizo con una sonrisa deslumbrante.
Penny: No puedo creer que no te recuerde.
Peter: Peter Lanzani
Penny: ¿Sos Lanzani? No me lo creo.
Peter: Créelo— Lali percibió su impaciencia, y quiso pedirle que disfrutara de la deliciosa oportunidad de restregarles su éxito en las narices, pero lo único que parecía querer era alejarse de sus miradas.

Lali: ¿Pasa algo? —preguntó.
Peter: Nada. Solo que me di cuenta de que cambié, eso es todo.
Lali: Creo que todo el mundo se dio cuenta de que cambiaste.
Peter: No hablo de eso. Quiero decir, solía importarme lo que pensara la gente como Penny. Solía imaginarme algo como lo sucedido ahora. Volver a verlos a todos. Cómo me sentiría regresando con éxito.
Lali: ¿Y cómo te sentis?
Peter: Como si hubiera dedicado demasiado tiempo a conseguir ser rey de un castillo hecho de aire —se encogió de hombros.
Lali: Entonces me alegro de que hayas venido —sonrió y le tomó la mano.
Peter: ¿Sí?
Lali: A pesar de todo, sí —asintió.
Peter: Ah, pero hablamos de la reunión, ¿verdad? No sobre mi regreso a tu vida.
La sonrisa de Lali se desvaneció. Ya era hora. Miró en derredor y vio que no había ninguna parte donde hablar.
Lali: ¿Te parece si nos marchamos un rato?
Peter: ¿Estás segura? También es tu reunión. No quiero estropeártela.
Lali: Volveremos. Debo encontrarme con Rochi aquí, pero tenemos algo de tiempo y quiero hacer otra cosa que es mucho más importante en este momento. Necesitamos un lugar tranquilo y privado. Él sonrió.

---

Lali: No sabía que te referías a tu habitación, Peter —indicó cuando la condujo al interior de la suite.
Peter: Es tranquila y privada. Lo que tú pediste.
Lali: Ahora necesito una copa —dijo— ¿Y vos? —Abriendo la puerta del minibar.
Peter: ¿Por qué no me sacas ese Jack Daniel's?
Lali lo hizo y se ocupó sirviendo las copas. Al final le pasó su whisky y dio un sorbo grande de tequila. Tembló, y luego bebió otro.
Peter: ¿Te sentis mejor? —Ella asintió. Él señaló el gran sofá del salón— Ponete cómoda —decidió hacer lo mismo y se quitó la chaqueta, después se desabotonó el cuello de la camisa, recogió la copa y la siguió, preguntándose si era el comienzo del fin, o sólo el comienzo— ¿Querías hablar?
Lali: Quería... Debí hacer esto hace mucho tiempo.
Peter: Adelante —musitó, animándola, a pesar de ver que no le resultaba fácil. Tampoco lo era para él.
Respiró hondo y soltó el aire despacio. Abrió la boca y volvió a cerrarla, miró alrededor y se levantó.
Lali: Ven conmigo —pidió, y le tomó la mano. El estado de ánimo de PEter mejoró cuando vio que lo llevaba al dormitorio, pero al llegar al armario, Lali se detuvo y abrió la puerta. No era muy espacioso. No puso muchos reparos a entrar y arrastrarlo a su lado. Después de que él apartara dos trajes, ella cerró la puerta. Le acarició la cara, pero Lali le bajó la mano —No es lo que pensas —susurró, como si estuvieran escondiéndose— Debo decirte algunas cosas y me resulta más fácil aquí, donde no puedo verte.


Peter volvió a sentir un nudo en el estómago. Era como si todo el día hubiera estado en una montaña rusa, y si su suerte servía como señal, ése era el momento en que bajaba, pero sin que funcionaran los frenos. Lali se aclaró la garganta.
Lali: Me equivoqué con lo del currículo —empezó a toda velocidad— En ese momento, creí que intentaba ayudarte, pero me parece que era una excusa. No tuve claro hasta ahora lo que pretendía de verdad cuando me inventé todas esas mentiras sobre ti.

Peter no había esperado eso. Nunca imaginó que revivirían una de las experiencias más dolorosas de su vida. Una de la que él tenía más que avergonzarse que ella.

Lali: Durante mucho tiempo pensé que sólo era ingenua —continuó ella— que había actuado impulsivamente, que si no hubieras regresado tan pronto a casa aquella noche, yo misma habría roto el currículo.
Peter: ¿Y ya no pensas asi?
Lali: No. Ahora pienso que lo habría dejado en la mesa para que tú tuvieras que encontrarlo.
Peter: Comprendo.
Lali: No, Peter. No creo que lo hagas. No fue con maldad. Al menos no fue ésa mi intención. Creo que sabía, antes de teclear la primera palabra, cómo ibas a reaccionar. Sabía que sería la gota que colmaría el vaso, que me dejarías si lo leías.
Peter: Yo sabía que tú querías que me fuera — no le reveló que el dolor de esa verdad aún lo hería.
Lali: No conscientemente —aceptó ella— Pero sí, así era. No estaba lista para ti, Pitt. Era demasiado joven e insegura. No podía estar a la altura de lo que tú pensabas de mí. Y antes de que todo se fuera al infierno, necesitaba que te marcharas. Todo fue por mi culpa. Intenté ser la persona que tú querías que fuera, y cuando fracasé, hice que te sintieras lo bastante mal como para dejarme.

De todas las cosas que Lali podría haber dicho... Lo había pillado desprevenido, y todas sus defensas, todas las palabras que había repasado una y otra vez, resultaban inútiles. ¿Cómo era posible que hiciera que se sintiera peor?
Lali: Lo siento —prosiguió ella— Sé que fue un golpe bajo, que te arrebaté tu orgullo. Era cruel y consentida. Tú no merecías nada de eso.
Peter: Por el amor del cielo, La. No fuiste vos. ¿Es que no lo sabes? Fui yo. Debería haber sido el hombre que creaste para ese currículo. Debería haber hecho todas esas cosas.

Peter sintió las manos de ella en su cara, los dedos encontraron sus labios y los taparon con gentileza.
Lali: No, eso no es verdad. Siempre fuiste bueno para mí. No quería que fueras diferente. Quería ser merecedora de tu amor —la oyó suspirar como si hubiera contenido el aliento mucho rato— Es un alivio tan grande decirte esto. Lo he contenido tanto tiempo. Pero ahora que al fin lo comprendo de verdad, sé que no soy una persona tan horrible. Estaba equivocada, pero no porque fuera mala, sino más bien tonta. Dejé que todo se enredara debido a mi juventud.
Peter: La... —le apartó los dedos, aunque ella no quitó la mano de la cara.

Ella le cortó las palabras con un beso. Peter sintió las lágrimas en sus mejillas y su alivio por el modo en que sus manos se movieron por su espalda y la apretó con fuerza. Intentó detenerla, contárselo, pero no pudo. No pudo dejar de besarla, de saborearla, y supo que ningún beso bastaría, que debía tenerla otra vez en sus brazos, en su cama. Debía estar dentro de esa mujer una vez más.

Una última vez. Supo que sería la última, porque estaba obligado a contarle su propia verdad. En especial en ese momento, cuando ella había sido tan sincera, a pesar de lo mucho que le había costado hablar.

Pero a pesar de todo la alzó en brazos y la llevó a la cama.

No hay comentarios:

Publicar un comentario