Lali fue a la casa de invitados al amanecer. No esperaba verlo allí, pero cuando contempló la cama intacta y los cajones vacíos, no pudo evitar sentirse decepcionada. Vagó por las habitaciones hasta que encontró la maquinilla rota en la bañera. Era la señal que había esperado. Se había marchado furioso. Como Pablo.
Volvió al salón y su mirada se posó en el jarrón que había sobre la repisa. Era cristal de Baccarat, con un valor de casi mil dólares. Las flores que contenía eran reales, lirios que llevaba cada semana el jardinero.
Recordó el momento en que lo compró. Seis meses después de casarse con Peter. Había devuelto el regalo que él le había hecho, un reloj de pared que costaba 22$, para comprar algo que deseaba más. Recordó la expresión de su rostro cuando le contó lo que había hecho. Lo vio tan herido y abatido... Intentó explicarle que no importaba. Le había encantado que pensara en ella con el reloj, pero ya tenían tantos... además, ¿no quedaba bonito el jarrón en el apartamento vacío? Él había esbozado una sonrisa vacía. Lali se dedicó a preparar la cena, sintiéndose muy complacida por haber llevado tan bien la situación. Necesitó años para comprender que Peter se había sentido avergonzado. Que le había comprado lo mejor que se podía permitir. Lo había humillado, y no había sido la primera vez, ni tampoco la última.
¿Por qué había tardado tanto en madurar? ¿Por qué no había sido capaz de ver por aquel entonces que las tonterías que tanto había deseado no significaban nada y que cada vez que gastaba el dinero de su padre, su marido moría un poco más por dentro? Levantó el pesado jarrón y sintió en su mano el peso de su propia humillación. Quiso arrojarlo contra la pared, del mismo modo que él había aplastado la maquinilla de afeitar contra la bañera, pero ni siquiera fue capaz de hacer eso. Volvió a ponerlo en su sitio y se marchó.
A mitad de camino hacia la casa principal, se detuvo y contempló la piscina. Nadie aparecería, nadie se había levantado aún. Desabrochó el cinturón de la bata y la dejó caer a sus pies. Luego se quitó el camisón y las zapatillas. Sin vacilar ni un segundo, se lanzó al agua. Se puso de espalda y flotó, relajada.
¿Qué demonios quería? Se preguntó a sí misma. Abrió los ojos y contempló el azul tímido de la primera hora de la mañana. En alguna parte, había una respuesta. Tenía que haberla.
—¿Qué pasa, cariño? Tenes un aspecto horrible— Lali alzó la vista. Era Rochi con un sombrero que podría darle sombra a todo el Sudán.
Lali: ¿Qué haces acá? —preguntó— Pensé que te estabas enferma.
Rochi: Fue un milagro. Josh posó sus manos en mí y lo siguiente que supe fue que estaba curada.
Lali: Ok…
Rochi: Cuéntamelo todo —pidió— No dejes nada fuera.
Lali: No quiero hablar de ello.
Rochi: Claro que sí, cariño— Lali sacudió la cabeza, respiró hondo y luego se sentó al lado de su amiga.
Lali: Me gustaría saber por qué terminé como la mala de la película. Peter entra en mi vida y sacude todos mis cimientos, y ahora Pablo está furioso conmigo, y yo sólo quiero saber cómo sucedió todo.
Rochi: Así que no querías hablar de ello…
Lali: ¿Quieres explicármelo? ¿Qué he hecho para merecer esto? Soy una persona muy agradable. Sabes que lo soy, ¿no?
Rochi: Eres una santa, La.
Lali: Quiero saber qué debo hacer?... Ro, ayúdame.
Rochi: Me encantaría, cariño. Pero creo que se trata de un enredo que tendrás que solucionar por tu cuenta.
Lali: Con eso no me ayudas.
Rochi: Jamás fuiste más feliz que cuando estuviste con Peter.
Lali: Y nunca fui más desdichada.
Rochi: Pablo te entiende. Sabe la clase de familia de la que procedes.
Lali: Y es tan snob como yo.
Rochi: Peter consigue que se te aflojen las rodillas.
Lali: Lo único que tenemos es sexo. No disponemos de nada más en qué cimentar una vida.
Rochi: Pablo hace que te sientas segura.
Lali: Segura y aburrida. Aburrida como un lava-vajillas.
Rochi: Vuelve con Peter –dijo sacando crema protectora de su bolso y pasándoselo por la pierna.
Lali: ¿Qué? ¿Sos loca?
Rochi: Cásate con Pablo —indicó con el mismo tono de voz.
Lali: Tú también me odias, ¿verdad?... crees que sea muy tarde para convertirme en monja!...
Rochi: ¿Cuánto tiempo vas a comportarte como una idiota? —dejó de darse crema y observó a Lali.
Lali: ¿Perdón?
Rochi: Me oíste. ¿Cuándo pensas disculparte con Peter?
Lali: Yo...
Rochi: Nada se va a aclarar por aquí hasta que no te disculpes, cariño, y tú lo sabes. Se lo debes a Peter, se lo debes a Pablo. Maldita sea, te lo debes a ti misma. Aclárate chica, y dile que lo trataste mal porque tenías miedo.
Lali: No es así —Rochi hizo una mueca— De acuerdo, tenía miedo.
Rochi: ¿Y?
Lali: Y era una consentida.
Rochi: ¿Y?
Lali: Sabes que te odio, ¿verdad? —soltó, y se preguntó si sería muy difícil conseguir otra mejor amiga.
Rochi: ¿Y? —insistió.
Lali: Y fue el peor error que jamás cometí.
Rochi: Muy bien. Esto es lo que vamos a hacer: Nos disculpamos con Peter, descubrimos a quién amamos de verdad y no nos casamos hasta que uno de nuestros chicos esté fuera de nuestros corazones y cabezas. ¿Entendiste?
Lali: Entendí.
Rochi: Dios, soy muy buena —musitó.
A pesar de todo, Lali tuvo que sonreír. Aunque no por mucho rato. No con lo que la esperaba.
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