Cande: Pensé que Paula te llevaría a un dormitorio para pasar unos minutos allí.
Peter: Paula sólo se mostraba atenta —se relajó al volver a quedarse a solas con Cande.
Cande: ¡Ja! si claro.
Peter: Eh! termina tu historia. Empezamos a llamar la atención— Candela miró en derredor y decidió que Lali se hallaba lo bastante lejos como para hablar con libertad.
Cande: No hice nada salvo enviarte el disfraz. De verdad.
Peter: Vamos, Can —la miró con severidad— Estás hablando conmigo.
Cande: De acuerdo. Quizá le mencionara a papá que ibas a venir. Así que fusílame.
Peter: ¿Por qué me da la impresión de que Lali no se va a sentir muy complacida con ninguno de los dos mañana?—retrocedió un poco para poder ver a las dos hermanas, a Cande delante de él y a Lali detrás del centro de mesa del vestíbulo— ¿Mencionó por qué deja que me quede?
Cande: Ya conoces a papá —meneó la cabeza— Es reservado. Pero yo no me entusiasmaría mucho con que esté de tu lado. Creo que tiene que ver más con Pablo que contigo.
Peter: ¿Qué? —se acercó más a su ex cuñada— ¿No le gusta el abogado?
Cande: Creo que le cae bien. Pero no considera que sea adecuado para Lali.
Peter: ¿Por qué no?
Cande: No lo sé. Pero apostaría que es por el mismo motivo que a mí no me atrae este matrimonio. Pablo...
Peter no necesitaba que Cande le hablara de Pablo. Lo había investigado tan exhaustivamente, que podría hacerle la declaración de la renta.
Cande: Pablo… Es beige.
Peter: ¿Beige? —él no lo habría descrito de esa manera. Astuto, sí. Ambicioso, definitivamente. Pero tenía sus debilidades. Tenía que ser así... un hombre no se convierte en socio de un bufete tan grande como el de Wendell, Bradley, Simmons y Hirsch siendo el Señor Amable.
Cande asintió.
Cande: Es blando, eso es todo. Es amable, pero no tiene tu... ya sabes. Tu presencia— Peter sonrió. Candela le caía bien de verdad. Era otra de las personas que había lamentado perder. Y albergaba sus dudas de que quisiera mantenerse en contacto con él pasada esa semana. No si las cosas salían como esperaba.
Peter: Es evidente que tiene algo que Lali quiere —expuso sin querer mostrar sus dudas.
La duda que mostró ella hizo que pareciera más joven que los años que tenía. Lo invadió una oleada de recuerdos. Había conocido a Cande cuando tenía quince años. Dios, era un encanto. Toda risitas. Por ese entonces, había estado perdidamente enamorada de Bon Jovi. Pero en ese momento debía haber pasado a los amigos de verdad. Candela con veinte años. Parecía difícil de creer.
Cande: Tal vez —dijo— Aunque no me imagino qué es. Sólo lo ves entusiasmado cuando habla de su bufete —volvió a suspirar— Esperaba que hubieras venido para impedir la boda— Peter percibió que Cande aguardaba que le confirmara sus sospechas. Pero no era momento de mostrar sus cartas. Todavía no.
Peter: Como dije antes, sólo he venido a buscar un sitio donde vivir, asistir a la reunión de ex – alumnos y desearle a Lali lo mejor.
Cande: De acuerdo —aceptó ella a regañadientes— Pero sabes dónde encontrarme si cambias de idea.
Peter: Sí. Ahora ve a divertirte un poco, Pocahontas. Ya hemos creado suficiente caos por una noche.
Cande: Me gustas más sin el maquillaje —susurró y se puso de puntillas para darle un beso en la mejilla; luego, se dirigió hacia el sitio de donde procedía la música.
Una vez solo, Peter volvió a mirar a Lali. No se había movido. Rochi aún mantenía guardia, y pudo ver que hablaban, aunque las dos lo observaban. Sonrió e inclinó un poco la cabeza. Pero no surtió ningún efecto. Era como si estuvieran viendo una película. Hora de dar el siguiente paso. Se encaminó hacia las dos mujeres. Rochi inició una retirada, que Lali contrarrestó de inmediato sujetándola por el brazo. Un debate momentáneo y Rochi se marchó. Apostaría el sueldo de una semana que no iría muy lejos, aunque con el ruido de la música y las voces, no sería capaz de oír una sola palabra, sin importar lo cerca que estuviera.
Por otro lado, Lali oiría muy bien. La vio enderezar los hombros al dar los últimos pasos hacia ella, lista para lo que él hubiera ido a darle.
Lali: Qué amable por tu parte haber vuelto a ser Peter ahora que el daño está hecho —comentó ella con acritud.
Peter: ¿Daño? ¿Y qué daño es ése?
Lali: Sabes muy bien a lo que me refiero. ¿Cómo te atreves?— No habló en voz alta, pero la intensidad de sus palabras hizo que se sintiera acalorado. Santo cielo, no había nada mejor que discutir con Lali. Salvo, quizá, hacer las paces.
Peter: No fui yo quien te arrastró al armario.
Lali: Vos sabías que yo no sabía que eras vos.
Peter: No tenía ningún motivo para pensar que no sabías que era yo. ¿Quién otro podía ser?
Lali: ¡Pablo!
Peter: Oh, creo que resulta muy claro que no soy Pablo.
Lali: ¿Qué me quieres decir con eso?
Ella se había acercado lo bastante como para que él viera el destello en sus ojos, y el color en sus mejillas no tenía nada que ver con el maquillaje. Incluso pudo sentir su cálido aliento en la cara. Quiso tomarla en brazos, besarla como solía hacerlo, como lo había hecho en el armario. Pero todavía no podía. Aún había muchas cosas que debía hacer antes de recibir esa dulce recompensa.
Peter: Amor mío, no has cambiado nada.
Lali: No digas eso.
Peter: Era un cumplido.
Lali: No me importa cómo lo dijeras. Cambié. Y a mejor, podría añadir. No soy aquella joven ingenua con la que te casaste, Peter. Nunca volveré a ser tan ingenua.
Quizá hubiera cambiado en algunos aspectos. En cuatro años, no podía evitarlo. Pero desde el momento en que la vio, había visto que la Lali esencial todavía era la misma. Arrogante, vana, testaruda, caprichosa. Todas las cosas que lo volvían loco. Asimismo era inteligente, divertida, con talento y tan perversa como un pecado en el dormitorio... o, más bien, en el armario.
La estudió de arriba abajo y clavó la vista en la parte superior del vestido.
Peter: Seguis siendo hermosa, Lali. Eso no ha cambiado nada.
Lali: No tenes derecho a mirar ahí. Ahora son de Pablo.
Peter: Te he echado de menos— rió.
Lali: Eso es maravilloso. Me siento conmovida. Y ahora, ¿por qué no regresas al lugar del que has venido?
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