domingo, 18 de marzo de 2012

Epílogo


Capítulo 34


Lali: ¿Papá? ¿Tenes un minuto? —El padre de Lali asintió al alzar la vista del libro que leía. Había visto la luz de la biblioteca encendida al entrar. Necesitaba consejo.
Nico: ¿Cómo fue la fiesta? —sonrió.
Lali: Interesante... —entró y cerró la puerta a su espalda.
Nico: ¿Sí? —cerró el libro— Contame— Se acercó al sofá, se quitó los zapatos y se acurrucó en el rincón. Siempre le había gustado hablar con su padre en esa sala.
Lali: Cancelé la boda.
Nico: Eso es interesante.
Lali: Y Peter me pidió que me vuelva a casar con él —sonrió, pero duró poco. Le tembló la barbilla y contuvo las lágrimas. Cuando su padre le alcanzó la caja con las toallitas de papel, dejó de parpadear tanto.
Nico: ¿Y qué le contestaste?
Lali: Que no quería hablar de ello —se secó los ojos — Papá, no rompió el currículo. Lo usó. Así consiguió su trabajo, empleando las mentiras que yo inventé, por las mismas por las que me dejó.
Nico: Comprendo —dijo con calma.
Lali: No pareces sorprendido.
Nico: No lo estoy. Lo supe desde hace mucho tiempo.
Lali: ¿Y por qué no me lo dijiste? —no podría haber anunciado algo que la sorprendiera más.
Nico: Era un secreto. Ahora que tú ya lo sabes, no veo daño alguno en admitirlo, pero antes no podía. No lo habría hecho, aunque Peter no me hubiera pedido que lo callara.
Lali: ¿Por qué?
Nico: Porque era algo que debían solucionar los dos. Peter necesitaba decírtelo, pero antes tú tenías que disculparte con él. Se cometieron errores. Mi interferencia no habría corregido ninguno.
Lali: ¡Pero soy tu hija!
Nico: Precisamente por eso debía mantenerme al margen. No podía solucionar esto por ti, cariño. Debías comprenderlo por ti misma, tomar tus propias decisiones.
Lali: Pero, ¿cómo lo averiguaste? —Nicolás titubeó, y supo que estaba decidiendo si contarle o no la verdad. No mentiría, aunque tal vez decidiera que era otra de esas cosas que tenía que averiguar por sí misma.
Nico: Peter me llamó hace unos 2 años y medio. Me preguntó si podía leer una carta que había escrito para brindarle alguna sugerencia sobre cómo mejorarla.
Lali: ¿Lo sabía mamá?
Nico: No —rió entre dientes— Era algo entre Peter y yo.
Lali: Continúa. ¿Qué decía la carta?
Nico: Era su renuncia de Merrill Smith. En ella se confesaba y disculpaba.
Lali: ¿Qué? —se echó atrás, asombrada.
Nico: No había podido vivir con ello, a pesar de que su trabajo era sobresaliente. No podía continuar con la mentira. Se lo dijo y se marchó, y en esa época creo que no tenía ni idea de que pudiera ganarse la vida. Un rasgo importante para un hombre que había crecido sin nada.
Lali: ¿Y por qué usó el currículo?
Nico: ¿Por qué lo escribiste tú?
Lali: Porque era joven, estaba asustada y era necia —Nicolás asintió. Ella se quedó en silencio y empezó a romper en trozos pequeños el pañuelo de papel—. Eso no lo excusa. Ni tampoco que no me lo contara.
Nico: Lo hizo. Probablemente un poco más tarde de lo que tendría que haberlo hecho, pero en cuanto entró por la puerta de esta casa supe que te lo iba a contar. Sólo podía confiar en que esperara el tiempo suficiente para que tú solucionaras tu parte en el asunto.
Lali: Esto es tan maquiavélico. No puedo creerme que lo supieras y no mencionaras nada.
Nico: Estaba en juego la felicidad de mi nena. Debía actuar con precaución.
Lali: ¿Y por qué me lo contas ahora?
Nico: Porque, a menos que me equivoque mucho, creo que amas a Peter.
Lali: Deberías tener tu propia línea para adivinar el futuro —suspiró.
Nico: No costó tanto adivinarlo, hija —rió— Cuando él entró, te convertiste en otra persona. Volviste a ser Lali.
Lali: Pobre Pablo —comentó ella.
Nico: Aguantará, no te preocupes por él.
Lali: Sigo asustada, papá. No sé qué hacer.
Nico: No te digo que te cases con Peter. Debes tomar tu propia decisión al respecto. Sea lo que fuere, tu madre y yo te apoyaremos por completo.
Lali: ¿Mamá me apoyará si vuelvo con Pitt? —abrió mucho los ojos.
Nico: Lo hará. Dale tiempo. Pero no es eso lo que importa. Eres tú quien ha de vivir tu vida. Debes elegir la dirección que tomará.
Lali: Odio elegir —su padre le lanzó una sonrisa llena de amor y afecto.
Nico: Para lo que pueda servirte, creo que Peter mostró una gran dosis de coraje. Cometió un error. Nos pasa a todos. Pero muy pocos lo reconocemos y lo reparamos. El éxito que pueda tener hoy lo ha conseguido por su propio mérito.
Lali: Esta noche pasamos un rato juntos — anunció, y sacó otro pañuelo— A solas. Fue maravilloso, pero, ¿sabes? aún creo que me pone en un pedestal.
Nico: Sabe que eres humana, cariño, aunque no creo que jamás te baje de ese pedestal. No lo tendría en tanta consideración si lo hiciera.
Lali: ¿Podré estar a esa altura?
Nico: Creo que ese es un objetivo muy loable.

Se levantó, se acercó al sillón de su padre y se inclinó para besarlo en la mejilla.
Lali: Gracias, papá. Aprecio... todo lo que has hecho.
Nico: Me alegra haber podido serte de ayuda — dijo—. Es tarde. Es hora de que los dos nos vayamos a dormir.
Lali: Subiré en un rato.
Nico: Sigue tu intuición, hija —dijo desde la puerta— Son de fiar.

En cuanto se marchó, dudo entre ir a la cocina o a la cama. Al final se decidió por ir a la piscina. El aire la ayudó de inmediato. Calmó sus nervios y tranquilizó sus pensamientos. Al dirigirse hacia la piscina, las cosas encajaron en su sitio, y al llegar al borde del agua ya había tomado su decisión.

Se casaría con Peter.

Volvería a vivir con él, pero en esa ocasión en igualdad de condiciones. Con la experiencia que tenían a sus espaldas, sabiendo lo frágil que era la relación, cuidándola con esmero. Ella estaría a su lado en sus triunfos y fracasos. Y sabría que siempre tendría el apoyo de él. Tendrían hijos que heredarían sus ojos, su humor, su fuerza.

Miró las leves ondas que fluctuaban en el agua. A su lado apareció la sombra de un hombre alto.
Peter: No podía irme —explicó— No podía hacerlo esta vez, Lali, Lo que hice estuvo mal. Cometí un terrible error —ella se volvió y lo miró a los ojos. Ése era el hombre con el que quería crecer. A quien cuidaría y con quien se reiría. Con él que haría el amor— ¿Por qué sonríes? —preguntó confuso.
Lali: Porque sé algo que vos no sabés.
Peter: ¿Y qué es?
Lali: Sé que tú y yo vamos a ser muy felices.
Peter: ¿Sí?
Lali: Vamos a tener tres o cuatro hijos. Un perro y un gato. Vamos a comprar juntos una casa. Iremos de vacaciones y a partidos de béisbol. Y vamos a pasar mucho tiempo en el dormitorio.
Peter: Suena perfecto —le tomó las manos— Pero, ¿por qu...?
Lali: Esto es lo que aprendí, Peter. Requiere mucho tiempo crecer. Quizá toda una vida. Pero me gustaría hacerlo contigo a mi lado. ¿Qué te parece?
Peter: Creo que sos la mujer más maravillosa del mundo. Casi una diosa.
Lali: Pensé que ya habíamos hablado sobre eso —apoyó las manos en las caderas.
Peter: Dije casi. Te quito puntos por roncar.
Lali: ¡Yo no ronco!
Peter: Ahh, Lali —comentó con ternura y humor— Son unos ronquidos muy, muy bonitos.
Lali: Creo que será mejor que me beses —suspiró ella.

Él obedeció.

Capítulo 33



Lali oyó a Jimmy comentar algo sobre cómo la gente jamás cambia, y luego risas. Sintió que los últimos cinco años de su vida regresaban y la abofeteaban.
Peter: Vámonos. Me gustaría explicártelo.
Lali: ¿Explicar qué?
Peter: Por favor, La, éste no es sitio...
Lali: Es el sitio perfecto para que salga la verdad. Es una reunión, ¿no? El momento para rememorar el pasado —sabía que la mano de él estaba en su brazo, pero la sentía extrañamente desconectada. Entonces, Pablo se situó a su lado y le agarró el otro brazo.
Pablo: Ella se viene conmigo —le anunció a Peter— Creo que ya has hecho más que suficiente por una noche.

Lali quiso soltarse, pero una vez más su educación entró en juego. Sin dejar de sonreír, con suavidad se volvió hacia la salida. Rochi se plantó delante de ella con preocupación en su rostro.
Rochi: Vamos, Lali —replicó conduciéndola hacia la puerta.

Lali no discutió. Estaba demasiado ocupada pensando en lo que acababa de oír, recordando la tarde en la que Peter había encontrado el currículo falso. Ninguna de las mentiras era descarada. Había ido a la Universidad de Texas y no a la de Wharton, y no se había sacado el master. Había trabajado en el banco de su padre, pero como dependiente, no como ejecutivo de préstamos. Jamás había pertenecido a las organizaciones políticas o sociales que ella había indicado, ni a la fraternidad que lo señalaba como un joven rico con una buena familia. Eran la clase de mentiras que serían motivo para un despido inmediato si se descubrían.

Recordó como Peter se había puesto pálido. Le dijo que siempre había sabido que no lo consideraba suficiente para ella, que no le hacían falta sus engaños para conseguir un trabajo. Y aunque no creyera en él, lo conseguiría gracias a su cerebro y a su talento. Que nunca en su maldita vida había tenido nada, y que había tenido que luchar por todo lo decente que había logrado. Recordó cómo le dijo que se marchaba. Que se divorciaría de ella para que pudiera encontrar a alguien con sangre lo bastante azul y con una cuenta corriente enorme. Pero que un día volvería para mostrarle su error.

Bueno, eso se había cumplido. Había vuelto y se lo había demostrado.

Al salir del salón junto a Rochi se dirigieron al vestíbulo del hotel. Se volvió y vio que Pablo y Peter las habían seguido. Los dos la observaban, uno con triunfo y el otro derrotado. No iba a postergarlo. No esa noche.

Miró a Rochi y a Peter.
Lali: ¿Nos disculpan un momento? —Tomó la mano de Pablo y lo llevó a un sofá de un rincón vacío. Se sentaron y observó el rostro del hombre al que había acudido en busca de seguridad.
Pablo: Lali...
Lali: No, por favor —alzó una mano— Quiero acabar con esto. No creo que sea una buena idea que nos casemos. No por lo que acaba de suceder, y tampoco por algo que hayas hecho. Entre los dos no hay nada y nunca lo ha habido —él quiso protestar, pero ella lo acalló con un beso en la mejilla— Sabes que es la verdad. Entre los dos nunca ha habido más que una amistad que yo he atesorado. Pero jamás fue amor. Nunca el tipo de amor que nos hubiera satisfecho a los dos.

Pensó que él iba a protestar, pero no lo hizo. En realidad, pareció un poco aliviado. Miró a Peter, luego a Rochi, a quien estudió largo rato.
Pablo: Lo siento —dijo.
Lali: ¿Por qué? No hiciste nada malo. Fuiste un perfecto caballero.
Pablo: Así que eso es lo que hice mal, ¿eh? —rió.
Lali: No, eso lo hiciste bien —sonrió y le tocó la mejilla— Y mereces tener a alguien que aprecie todo lo que eres y te ame con toda la pasión del mundo.
Pablo: Los dos lo merecemos.
Lali: Sí —ella asintió.
Pablo: ¿Es él? —preguntó mirando a Peter.
Lali: Lo era… Pero ahora ya no lo sé.
Pablo: Tenías que conocer la verdad. Lamento haberte herido, pero...
Lali: Necesitaba conocerla, aunque, con franqueza, habría preferido oírla de otra manera.
Pablo: Tenía que intentarlo —él bajo la vista con el ceño fruncido— Me importas.
Lali: Sí. Lo sé.
Pablo: ¿Qué harás?
Lali: Irme a casa. Dormir un poco. Mañana va a ser un día bastante ajetreado. Mi madre va a sufrir un ataque —dijo, exagerando.
Pablo: ¿Hay algo que yo pueda hacer?
Lali: Decírselo a tu familia. Yo me ocuparé del resto. Pero ahora debo hablar con Peter.
Pablo: Esperaré. Te llevaré a casa.
Lali: No. Gracias, pero no. ¿Trajiste a Rochi? —asintió— Llévala a ella a casa. Y deja que sea tu amiga. Si se lo permitís, estará ahí para ti.
Pablo: Eso ya lo he descubierto —esbozó una sonrisa inesperada. Una que Lali no estaba segura de entender— Últimamente, hemos hablado bastante por teléfono.
Lali: Me alegro.
Pablo le tomó la mano y la apretó, luego se adelantó y la besó con mucha suavidad en los labios. Un adiós tierno. Lo vio levantarse y acercarse a Rochi y Peter. Hablaron un momento, luego Pablo tomó el brazo de Rochi y se dirigieron a la salida.

Peter se acercó a ella.
Lali: Peter, no puedo hablar contigo ahora mismo. Quizá mañana, pero esta noche no.
Peter: Lo entiendo. Lo... lo siento.
Ella no se movió. Ni siquiera lo miró.
Lali: ¿Me lo habrías contado? —preguntó.
Peter: Sí. Iba a contártelo mañana.
Lali: ¿Por qué mañana?
Peter: Porque soy egoísta. Quería que me amaras una noche entera —ella alzó la vista, y Peter casi deseó que no lo hubiera hecho. Su traición era como una herida que había penetrado hondo, que la había marcado para siempre— No negaré que lo que hice fue desagradable —continuó— Y también reconozco que, hasta hace unos días, no tenía intención de contártelo. Pero eso cambió. Estar contigo me cambió —se acercó a ella, pero no la tocó. No lo haría hasta que ella se lo consintiera. Aunque lo mataba estarse quieto— Regresé a Houston sólo con una cosa en la cabeza. Hacer que lamentaras haberme dejado ir. Para que pagaras.
Lali: Felicidades. Misión cumplida.
Peter: Intento explicártelo —meneó la cabeza— Eso cambió, tan rápidamente que no supe qué hacer. Te toqué, y supe que no podría herirte más de lo que ya te había herido. Te besé, y supe que jamás había dejado de amarte, ni siquiera por un día. Lali, te amo. Quiero casarme contigo.

Ella se apartó como si la hubiera abofeteado.
Lali: ¿Queres casarte conmigo? Me hiciste pasar por un infierno. Cuatro largos años de culpa y remordimiento, culpándome por haber sido una persona terrible. Y en todo ese tiempo, tú... No puedo hablar de ello esta noche. Tengo que irme.

No había nada más que él pudiera hacer. Asintió derrotado y la observó salir del hotel. Fuera de su vida.

Había regresado en busca de venganza, pero lo único que había conseguido era una amarga decepción, y la pesada comprensión de que todo era por su culpa. Le acababa de mentir a Lali... no había cambiado en absoluto. Seguía siendo un falso, un fraude, y en ese momento más que nunca sabía que no la merecía. Nunca la había merecido.

Capítulo 32


La fiesta se hallaba en su apogeo cuando volvieron a entrar en el salón. El grupo musical tocaba Holiday, y Lali se preguntó si conocerían alguna canción que no fuera de Madonna.
Peter: ¿La ves?
Lali: Si la conozco, seguro que se encuentra junto al bar.
Peter: Hay tres barras —indicó él— ¿Quieres seguir el orden de las manecillas del reloj o vamos a la del centro?

Lali le asió la mano y lo condujo hacia la izquierda. Sonrió al recordar el esfuerzo y voluntad que habían necesitado para ducharse y no jugar, y dejó que su vista vagara por la multitud en busca de la inconfundible silueta de Rocío Igarzabal, que sin duda se hallaría en el centro de la juerga.

Peter tiró de su brazo y ella se detuvo, siguiendo su mirada hasta una mujer joven que no reconoció. Tenía anteojos y una sonrisa tímida, la mujer rmiró a Peter y lo saludó con la mano.
Lali: ¿Quién es?
Peter: Kika. Una vez fue una buena amiga. De las pocas que tuve. Solíamos pasar bastante tiempo juntos.
Lali: Ve —Le soltó la mano— Yo buscaré a Ro —él se inclinó y le dio un beso en la mejilla.
Peter: No tardaré mucho, pero quiero hablar con ella.
Lali: Está bien. Te localizaré.

Le sonrió, la besó una vez más y se dirigió hacia su amiga. Lali observó el círculo de mujeres que había a la derecha de Kika. Penny estaba allí, al igual que unas cuantas más de las chicas populares. Ex animadoras, una reina de la clase y una vicepresidenta. Habían formado «el grupo», las chicas que establecían las pautas y dictaban las reglas. Y su atención se centraba por completo en Peter. Podía entenderlo. Con imparcialidad era capaz de reconocer que se trataba del hombre más atractivo del salón. Siempre había tenido carisma, y al haber alcanzado la plena madurez de su poderosa masculinidad, nadie podía dejarlo pasar sin fijarse en él.

Incluso los chicos lo miraban. Jimmy Fallón, el antiguo novio de Penny, estudiaba a Peter como si fuera el enemigo. Peter no le había caído bien a nadie en el instituto, y debía de ser un buen golpe para los egos de los ex líderes verlo entrar como un rey. Jimmy habló al oído de Cari no sé qué y ambos rieron. Por la expresión en sus caras, la broma había sido cruel.

Volvió a centrarse en Peter y vio que se había movido al borde de la pista con Kika. Los dos bailaban lento. Él le sonreía, pero ella mantenía la cabeza baja. No estaban muy pegados ni formaban una pareja demasiado elegante, pero Lali percibió la ternura del momento desde el otro extremo del salón.

Casi por reflejo, observó a Penny y a las demás chicas. Estaba claro que sólo sentían celos. Penny le susurró algo a Robin Popp, la antigua reina de la clase, luego las dos se dirigieron hacia Peter y Kika. En cuanto se pusieron en marcha, Lali también lo hizo. Casi las había alcanzado cuando oyó su nombre. Giró y vio que Rochi agitaba la mano frenéticamente. La saludó y le indicó que se reuniera con ella, luego volvió a darse la vuelta.

Penny y su grupo se hallaban a un lado de Peter y Kika, Jimmy y Cari al otro. Vio que Peter buscaba un modo de sacar a Kika de allí, pero se hallaban atrapados.
—Estás estupenda, Kika —dijo Penny con una amplia sonrisa y absoluta falsedad— ¿Podes creer que éste es Peter? Todos decíamos que es el candidato a la persona de más éxito, ¿no?

Las chicas detrás de ella asintieron, y el rostro de Kika se puso colorado. Dejó de bailar e intentó marcharse, pero Peter no le soltó la mano. Bajó la vista a ella, ignorando a los que los rodeaban.
Peter: ¿Queres beber algo? —Lali se volvió hacia ellos con la intención de guardar el otro lado de Kika mientras se marchaban de ahí, pero alguien la agarró del brazo y la detuvo. Giró.
Lali: Soltame, Rochi.
Rochi: Lali —dijo con una sonrisa feliz, pero los ojos llenos de ansiedad— Mira a quién traje. ¿No es una sorpresa agradable?
Lali: Dame un minuto, Ro —trató de soltarse.
Rochi: Es Pablo.

Entonces, Lali se detuvo. Justo detrás de su amiga Pablo se hallaba con los brazos cruzados, mirando a Lali y a Peter. Parecía frío y elegante en su esmoquin. A su espalda, oyó la voz alta y pastosa de Jimmy.
Jimmy: Eh, miren. Lanzani al fin pudo comprarse un par de zapatos. ¿Quién lo diría?
Penny: Para, Jimmy. Leí cosas sobre él. Tiene mucho éxito ahora. Para tu información, apareció en la lista de la revista Forbes.
Jimmy: Forbes, ¿eh? ¿Qué hiciste, casarte con una tía rica?

Lali se apartó de Pablo. Tenía que-detener la situación. Era todo lo que había odiado del instituto, todas las cosas que sabía que habían formada parte de ella durante mucho tiempo. Los prejuicios de una clase rígida, el modo en que se había sentido estúpidamente superior a alguien que tuviera menos.
Peter: Perdona —dijo, abriéndose paso más allá de Jimmy con la mano sobre el hombro de Kika.

Jimmy: Eh —intervino— Puede que ahora seas el Señor Forbes, pero no puedes esconder lo que fuiste. Todos sabían que tu padre era un borracho. Que no tenías ni dónde mear. No entiendo cómo te dejaron entrar en nuestra escuela.
Lali: Para ya —dijo— Peter, vamos.
Jimmy: Eso es —insistió— Ya lo recuerdo. Los dos se casaron, ¿no? —volvió a mirar a Peter con expresión de evidente disgusto en su cara acalorada— Así es cómo lo conseguiste, ¿eh? Con una pensión al divorciarte.
—No, no lo consiguió así.
Lali se volvió al oír la voz de Pablo. Se les había unido, aunque sólo conocía a dos de los protagonistas. Rochi estaba a su espalda tirando de él, pero no se movió.
Pablo: Yo sé cómo lo hizo —continuó— ¿Por qué no se lo cuentas, Peter? ¿Por qué no nos cuentas a todos cómo conseguiste ese trabajo en Merrill Smith?

Lali no entendía nada. Contempló a Pablo y a Peter, y entonces se quedó paralizada. El rostro de Peter había cambiado. En ese momento, sólo le prestaba atención a ella. Incluso había soltado la mano de Laura. Tenía una expresión tan marcada de remordimiento que se sintió helada.
Peter: Lali… —dijo.
Pablo: Adelante, Peter —instó— Cuéntaselo.
Rochi: No —se interpuso entre Lali y Pablo— Es hora de que todos nos vayamos, ¿de acuerdo?
Jimmy: Quiero oírlo

Lali lo ignoró, pero lo que no pudo ignorar fue el titubeo de Peter. La culpa que veía reflejada en su cara.
Lali: ¿De qué se trata? —susurró, temiendo saberlo.
Peter: No quería que te enteraras de esta manera —se acercó a ella y le tomó la mano— Quería esperar hasta esta noche, cuando estuviéramos solos.
Lali: ¿Qué?
Peter: No tiré aquel currículo falso que preparaste —le soltó la mano— Lo usé. Así conseguí mi primer trabajo.

Capítulo 31



Lali contempló a Peter mientras la tendía sobre la cama. Respiraba entrecortadamente, como si acabara de correr una gran distancia. El rostro de él, tan fuerte y hermoso, apenas a unos centímetros de distancia, era un estudio en conflicto. El deseo que veía allí era equiparable al suyo, pero también vio duda, vacilación.

Entonces, notó una pequeña cicatriz justo al lado de la sien; años atrás la había estudiado con atención y recordó que era una señal de su pasado. Conocía la historia de esa cicatriz y las de todas las que no se veían. A pesar de todo el dolor, lo amaba. Y al percibir cómo la miraba en ese momento, con la pasión, la preocupación y la abierta necesidad, supo que él la amaba.
Lali: Besame —susurró.
Peter: ¿Estás segura?
Lali: Estoy segura —apoyó la mano libre sobre su torso— Estoy muy segura.
Peter: ¿Y qué me dices...?
Lali: No voy a casarme con Pablo —anunció— En cuanto a todo lo demás, tendremos que ver qué sucede —Él se inclinó y la besó con la intensidad que siempre había existido entre ellos.

Peter se incorporó y desabotonó su camisa con dedos presurosos, se quitó la camisa y reveló el torso más perfecto del mundo. El sonido de la cremallera hizo que Lali bajara la vista para observar cómo salía de los pantalones y de la ropa interior. Su disposición era evidente. Su propia disposición resultaba igual de evidente, por lo que se movió y juntó las piernas para mitigar la presión. Pero sólo había una cosa que podía curarla.

Antes de que pudiera reaccionar, Peter le recogió el vestido y se lo sacó por la cabeza. Sonrió al ver el sujetador rojo, de delicado encaje, que hacía juego con el liguero. Al siguiente instante encontró la presilla, la abrió y desprendió la tela como si estuviera abriendo un regalo.

Le acarició los pechos, apretando la carne con suavidad, luego se inclinó para poder jugar con la lengua en torno a cada pezón. Ella sintió la presión, el dolor de la contracción cuando capturó los capullos entre los dientes y succionó. Lali posó las manos en su espalda y la acarició.

Él levantó la cabeza y la besó en la boca. Al final, se separó y la observó unos momentos, luego le tomó la mano y la guió por su estómago, a través del vello crespo, hasta que ella lo tuvo en sus dedos. Duro, caliente, palpitando con el ritmo de su corazón, dejó que su mano lo explorara, recordando la sensación de cada centímetro. El gemido de Peter nació de su profundo interior.
Peter: Te necesito —musitó— Ahora. Debo estar dentro de ti.

Ella lo soltó y volvió a apoyar la cabeza en la almohada. Peter contempló su cuerpo una vez más; luego dirigió las manos bajo las rodillas de Lali y le alzó las piernas al tiempo que las echaba para atrás. Con movimientos lentos y poderosos como los de un felino, alineó su cuerpo con el suyo, tentándola con la punta delante de su entrada. Lali susurró su nombre mientras la penetraba, jadeó y gritó cuando la llenó por completo.

Lo rodeó con las piernas y lo sujetó con fuerza. Él subió las manos hasta equilibrarse sobre los codos, dándole los labios que ella necesitaba, los besos que engulleron sus gemidos. La embistió una y otra vez, más y más hondo, y ella acarició todo lo que pudo de él, deseando tenerlo aún más pegado.
Peter: Lali —murmuró, y su aliento la hizo temblar— Te amo. Nunca dejé de amarte. Fui un tonto al dejarte marchar.

Ella le tomó la cabeza entre las manos y acercó su boca a la suya. Lo besó profundamente, luego encontró su mirada.
Lali: Sos el único hombre al que jamás amé —dijo— El único hombre con el que he estado y con quien he querido estar.
Él gimió, cerró los ojos y sus embates se tornaron más apremiantes. Sintió que su interior lo apresaba con más fuerza a medida que la fricción se incrementaba más y más, y entonces alcanzó el clímax en un estallido de tembloroso éxtasis. Al gritar, oyó la voz de él, sintió que la penetraba otra vez y lo sostuvo mientras alcanzaba su propia liberación.

Durante un prolongado momento, Peter permaneció quieto. Lali siguió temblando mientras una oleada tras otra de satisfacción recorría su cuerpo, y las contracciones en torno a él provocaban suaves gemidos.
Al rato volvió a mirarla, y sonrió. El placer de ambos era un triunfo compartido, un secreto entre ellos.
Peter: Ni siquiera quiero moverme —dijo él— Quiero quedarme así el resto de mi vida.
Lali: Estoy de acuerdo. Aunque podría llegar a ser complicado dentro de una o dos semanas.
Peter: Ya lo solucionaremos —suspiró y ella apoyó la cabeza en su hombro. Las manos de Lali recorrieron su espalda, y, aunque odiaba reconocer la derrota, se vio obligada a bajar las piernas. Pero él no se apartó. Simplemente se movió una fracción, lo suficiente para que ella lo contuviera con sus músculos.
Peter: Dime una cosa —susurró él con la boca muy cerca de su oído— ¿Siempre fue así? Recuerdo que era estupendo, pero no tanto.
Lali: Creo que tenes razón —sonrió— Y mi memoria es bastante buena.
Peter: Dios —gimió— Tengo que moverme. No quiero, pero debo hacerlo.
Lali: Si debes... —lo oprimió una última vez.
Salió de su interior con un suave siseo de placer, luego se volvió hasta quedar de espalda.
Peter: ¿Crees que al servicio de habitaciones le importará que pida un vaso de agua?
Lali: Tendremos que asegurarnos de que el camarero entre con los ojos vendados, pero creo que la idea tiene mérito— Él rió. Y Lali sintió que todos sus dilemas se habían evaporado. No sus problemas, pero sí sus preguntas. Su incertidumbre. Se hallaba exactamente donde debía estar. De vuelta con el único hombre al que de verdad amaba.
Claro estaba que tenía que hablar con Pablo. Eso no sería muy agradable. En ningún momento había dejado de caerle bien, pero esa noche había comprendido con claridad que con Pablo sólo había sido eso. No era amor. Había ido a su lado porque se sentía segura, pero no muy valiente.

Sin embargo, en ese momento se sentía valiente. Era capaz de contemplar sus logros y experimentar orgullo por ellos. También conocía sus defectos, aunque ya no la abrumaban. No era perfecta, pero era muy buena.

Confesarse ante Peter había sido como una purificación. Un renacimiento. A partir de ahí únicamente quería avanzar. Quería estar con Peter, amarlo, crecer con él. Y lo quería de inmediato.

Cuando lo miró, él sonreía otra vez.
Lali: ¿Qué?
Peter: ¿Sabes?, en lo referente a las reuniones, creo que ésta podría ser la mejor de todos los tiempos— Lali se incorporó bruscamente.
Lali: Oh, Dios. ¡Rochi!
Peter: ¿Perdón?
Lali: ¿Qué hora es? —se escurrió hasta el borde de la cama. Encontró el vestido y uno de los zapatos.
Peter: Las diez pasadas.
Lali: Menos mal. Ro se encuentra abajo. Nos está esperando.
Peter: Puede esperar.
Lali: No, es importante —le asió la mano— Vamos, metámonos en la ducha. Hemos de bajar.

Lali estaba segura de que Rochi la iba a matar por llegar tarde. Pero en cuanto le explicara... lo entendería…

Capítulo 30


El salón del hotel era un estudio en azul y blanco, los colores del instituto de River Oaks. Cintas, globos, arreglos florales, manteles, todo hacía juego. Fotografías ampliadas procedentes del anuario alineaban las paredes, y cada mesa redonda exhibía un pequeño tigre de plástico en el centro, la mascota del colegio.

Lali siguió a Peter a la mesa de registro. Mucha gente había llegado antes que ellos, quizá unas cien personas. Reconoció a Penny Kasey sentada detrás de la mesa de ingreso.
—Eh, Lali —saludó Penny— No te he visto en siglos. ¿Cómo te va?
Lali: Bien —aceptó el adhesivo con su nombre— Tienes un aspecto estupendo.
Penny: Gracias… —Pero cuando Lali alzó la vista, descubrió que Penny tenía cosas más importantes que un cumplido en las que concentrarse. Estaba arrobada con Peter, y se lo comía con los ojos. Vio que las otras mujeres en la mesa de entrada hacían lo mismo. Todas lo miraban como si figurara en el menú de los postres.

Penny logró que sus manos se tranquilizaran lo suficiente como para sacar una etiqueta adhesiva.
Penny: ¿Cómo te llamas, encanto? —preguntó, su voz una invitación.
Peter: No soy un invitado. Soy un alumno— Penny le lanzó a Sandy Weider y a Linda Barrett, las otras dos damas hambrientas, una mirada sorprendida. Cuando volvió a mirar a Peter, lo hizo con una sonrisa deslumbrante.
Penny: No puedo creer que no te recuerde.
Peter: Peter Lanzani
Penny: ¿Sos Lanzani? No me lo creo.
Peter: Créelo— Lali percibió su impaciencia, y quiso pedirle que disfrutara de la deliciosa oportunidad de restregarles su éxito en las narices, pero lo único que parecía querer era alejarse de sus miradas.

Lali: ¿Pasa algo? —preguntó.
Peter: Nada. Solo que me di cuenta de que cambié, eso es todo.
Lali: Creo que todo el mundo se dio cuenta de que cambiaste.
Peter: No hablo de eso. Quiero decir, solía importarme lo que pensara la gente como Penny. Solía imaginarme algo como lo sucedido ahora. Volver a verlos a todos. Cómo me sentiría regresando con éxito.
Lali: ¿Y cómo te sentis?
Peter: Como si hubiera dedicado demasiado tiempo a conseguir ser rey de un castillo hecho de aire —se encogió de hombros.
Lali: Entonces me alegro de que hayas venido —sonrió y le tomó la mano.
Peter: ¿Sí?
Lali: A pesar de todo, sí —asintió.
Peter: Ah, pero hablamos de la reunión, ¿verdad? No sobre mi regreso a tu vida.
La sonrisa de Lali se desvaneció. Ya era hora. Miró en derredor y vio que no había ninguna parte donde hablar.
Lali: ¿Te parece si nos marchamos un rato?
Peter: ¿Estás segura? También es tu reunión. No quiero estropeártela.
Lali: Volveremos. Debo encontrarme con Rochi aquí, pero tenemos algo de tiempo y quiero hacer otra cosa que es mucho más importante en este momento. Necesitamos un lugar tranquilo y privado. Él sonrió.

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Lali: No sabía que te referías a tu habitación, Peter —indicó cuando la condujo al interior de la suite.
Peter: Es tranquila y privada. Lo que tú pediste.
Lali: Ahora necesito una copa —dijo— ¿Y vos? —Abriendo la puerta del minibar.
Peter: ¿Por qué no me sacas ese Jack Daniel's?
Lali lo hizo y se ocupó sirviendo las copas. Al final le pasó su whisky y dio un sorbo grande de tequila. Tembló, y luego bebió otro.
Peter: ¿Te sentis mejor? —Ella asintió. Él señaló el gran sofá del salón— Ponete cómoda —decidió hacer lo mismo y se quitó la chaqueta, después se desabotonó el cuello de la camisa, recogió la copa y la siguió, preguntándose si era el comienzo del fin, o sólo el comienzo— ¿Querías hablar?
Lali: Quería... Debí hacer esto hace mucho tiempo.
Peter: Adelante —musitó, animándola, a pesar de ver que no le resultaba fácil. Tampoco lo era para él.
Respiró hondo y soltó el aire despacio. Abrió la boca y volvió a cerrarla, miró alrededor y se levantó.
Lali: Ven conmigo —pidió, y le tomó la mano. El estado de ánimo de PEter mejoró cuando vio que lo llevaba al dormitorio, pero al llegar al armario, Lali se detuvo y abrió la puerta. No era muy espacioso. No puso muchos reparos a entrar y arrastrarlo a su lado. Después de que él apartara dos trajes, ella cerró la puerta. Le acarició la cara, pero Lali le bajó la mano —No es lo que pensas —susurró, como si estuvieran escondiéndose— Debo decirte algunas cosas y me resulta más fácil aquí, donde no puedo verte.


Peter volvió a sentir un nudo en el estómago. Era como si todo el día hubiera estado en una montaña rusa, y si su suerte servía como señal, ése era el momento en que bajaba, pero sin que funcionaran los frenos. Lali se aclaró la garganta.
Lali: Me equivoqué con lo del currículo —empezó a toda velocidad— En ese momento, creí que intentaba ayudarte, pero me parece que era una excusa. No tuve claro hasta ahora lo que pretendía de verdad cuando me inventé todas esas mentiras sobre ti.

Peter no había esperado eso. Nunca imaginó que revivirían una de las experiencias más dolorosas de su vida. Una de la que él tenía más que avergonzarse que ella.

Lali: Durante mucho tiempo pensé que sólo era ingenua —continuó ella— que había actuado impulsivamente, que si no hubieras regresado tan pronto a casa aquella noche, yo misma habría roto el currículo.
Peter: ¿Y ya no pensas asi?
Lali: No. Ahora pienso que lo habría dejado en la mesa para que tú tuvieras que encontrarlo.
Peter: Comprendo.
Lali: No, Peter. No creo que lo hagas. No fue con maldad. Al menos no fue ésa mi intención. Creo que sabía, antes de teclear la primera palabra, cómo ibas a reaccionar. Sabía que sería la gota que colmaría el vaso, que me dejarías si lo leías.
Peter: Yo sabía que tú querías que me fuera — no le reveló que el dolor de esa verdad aún lo hería.
Lali: No conscientemente —aceptó ella— Pero sí, así era. No estaba lista para ti, Pitt. Era demasiado joven e insegura. No podía estar a la altura de lo que tú pensabas de mí. Y antes de que todo se fuera al infierno, necesitaba que te marcharas. Todo fue por mi culpa. Intenté ser la persona que tú querías que fuera, y cuando fracasé, hice que te sintieras lo bastante mal como para dejarme.

De todas las cosas que Lali podría haber dicho... Lo había pillado desprevenido, y todas sus defensas, todas las palabras que había repasado una y otra vez, resultaban inútiles. ¿Cómo era posible que hiciera que se sintiera peor?
Lali: Lo siento —prosiguió ella— Sé que fue un golpe bajo, que te arrebaté tu orgullo. Era cruel y consentida. Tú no merecías nada de eso.
Peter: Por el amor del cielo, La. No fuiste vos. ¿Es que no lo sabes? Fui yo. Debería haber sido el hombre que creaste para ese currículo. Debería haber hecho todas esas cosas.

Peter sintió las manos de ella en su cara, los dedos encontraron sus labios y los taparon con gentileza.
Lali: No, eso no es verdad. Siempre fuiste bueno para mí. No quería que fueras diferente. Quería ser merecedora de tu amor —la oyó suspirar como si hubiera contenido el aliento mucho rato— Es un alivio tan grande decirte esto. Lo he contenido tanto tiempo. Pero ahora que al fin lo comprendo de verdad, sé que no soy una persona tan horrible. Estaba equivocada, pero no porque fuera mala, sino más bien tonta. Dejé que todo se enredara debido a mi juventud.
Peter: La... —le apartó los dedos, aunque ella no quitó la mano de la cara.

Ella le cortó las palabras con un beso. Peter sintió las lágrimas en sus mejillas y su alivio por el modo en que sus manos se movieron por su espalda y la apretó con fuerza. Intentó detenerla, contárselo, pero no pudo. No pudo dejar de besarla, de saborearla, y supo que ningún beso bastaría, que debía tenerla otra vez en sus brazos, en su cama. Debía estar dentro de esa mujer una vez más.

Una última vez. Supo que sería la última, porque estaba obligado a contarle su propia verdad. En especial en ese momento, cuando ella había sido tan sincera, a pesar de lo mucho que le había costado hablar.

Pero a pesar de todo la alzó en brazos y la llevó a la cama.

Capítulo 29


Había cancelado un viaje a Las Vegas, una reunión con un nuevo banco y una cena con la muy atractiva directora general del hotel. A Peter sólo le quedaba por decidir si iba a asistir a la reunión de ex-alumnos.

Adrede se había alojado en el hotel donde se iba a celebrar la fiesta, y ya ni siquiera sabía si deseaba ir.

Se levantó de la silla y se acercó al teléfono junto a la cama. Aunque la suite del hotel tenía todo lo que podía desear, había odiado cada minuto que había pasado en ella. No había hecho nada desde que llegó, salvo ver el canal de deportes, llamar al servicio de habitaciones para que le subieran la comida y preguntarse qué estaría haciendo Lali. Si pensaba en él.

Ni siquiera le contó a Rochi dónde se alojaba. Lali necesitaba tiempo para pensar, y su presencia sólo serviría para enredar más la situación. Lo más probable es que terminara casándose con Pablo. Él se daba más o menos un 5% de posibilidades. Nada más.

Pero mientras existiera una posibilidad, no pensaba desaparecer por completo. Sólo necesitaba recuperarse y prepararse para las inevitables malas noticias.

Bueno, no había ningún tiempo mejor que el presente. Esa noche, delante de todas las personas que en el instituto pensaron en él sólo para burlarse, bien podría terminar lo empezado. Se sentó en el borde de la cama y alzó el auricular. Pero en vez de llamar a Lali, marcó el número de Rochi. Sonó un rato, luego la oyó jadeante.
Rochi: Hola.
Peter: Hol… —saludó.
Rochi: ¿Dónde diablos has estado? —inquirió rápidamente.
Peter: En Adam's Mark.
Rochi: ¿Por qué no me llamaste?
Peter: Te llamo ahora.
Rochi: No te hagas el listo. Ya tengo suficientes traumas esta noche sin necesidad de añadirte a la lista.
Peter: ¿Qué sucede?
Rochi: Para empezar, el vestido que me iba a poner tiene una mancha horrible en el costado derecho, y no tengo ni idea de dónde salió, pero pretendo demandar a la tintorería y arruinarla.
Peter: Vas a estar fabulosa, Ro. Siempre lo estás.
Rochi: Gracias —aceptó el cumplido como algo merecido— Pero eso sólo es el principio.
Peter: ¿Y el resto?
Rochi: Lali, desde luego.
Peter: ¿Oh? —trató de mantener la voz indiferente.
Rochi: Vamos, Pitt. Sabes que te moris por preguntármelo…
Peter: Adelante —dijo.
Rochi: Primero, esta noche no piensa ir.
Peter: ¿Qué?
Rochi: Le dije que pasaría a recogerla a las siete, pero no estoy segura de que vaya.
Peter: Pensé que asistiría con Pablo.
Rochi: Y ella también, hasta esta mañana. Han estado hablando. Una charla larga. Hasta anoche, la boda aún seguía programada, pero el nivel de entusiasmo era menos que estelar, si sabes a qué me refiero. Y esta mañana la llamó. Pablo le explicó que tenía que cenar con un cliente y le preguntó si quería acompañarlo y saltarse la reunión. Desde luego, ella repuso que no, afirmó que llevaban planeándolo más de un año, pero él no cedió. Así que dijo que no lo acompañaría a la cena, y él, a su vez, que no pensaba asistir a la reunión.
Peter: ¿Ro?
Rochi: ¿Sip?
Peter: No la recojas.
Rochi: Esperaba que lo pidieras.
Peter: ¿Tenes algún consejo que darme?
Rochi: Su vestido es rojo, así que cerciórate de que las flores combinen con el color del vestido.
Peter: No me refería a eso.
Rochi: Oh. Lo único que puedo decirte es que se ha sentido bastante mal. No sabe qué hacer,Peter. Aún tiene miedo.
Peter: ¿Miedo?
Rochi: De decepcionarte.
Peter: ¿Qué? No podría aunque lo intentara. Es perfecta.
Rochi: A eso voy —suspiró con sonido dramático— Nadie es perfecto, Pitt —continuó ella— Ni siquiera La…
Peter: Maldición —cerró los ojos, y la verdad y todas sus repercusiones fueron como un golpe.
Rochi: De nada. Y lleva esmoquin. Es elegante.
Peter: Te veré esta noche —colgó.

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Rochi llegaba a tiempo, lo cual no era normal. Lali ni siquiera había terminado de pasarse el lápiz de labios ni de ponerse los zapatos. Abrió la puerta y se quedó paralizada. Peter, con un esmoquin negro y sosteniendo lo que parecían varias docenas de rosas rojas, se hallaba donde se suponía que debía estar Rochi.
Él esbozó una sonrisa tentativa, y por un momento ella sólo pudo empaparse con su visión, y reaccionar. No era una opción. Supo que se ruborizaba... pudo sentir el calor en sus mejillas, y no fue el único sitio donde lo experimentó.
Peter: Jamás llegué a llevarte al baile de graduación —sin apartar la vista de ella— Me gustaría compensar aquella noche.
Lali: No te esperaba.
Peter: Sorpresa —y la observó con el mismo anhelo que ella sabía que debía mostrar su propia cara.
Lali: Pasa —retrocedió, aunque no estaba segura de que fuera lo más inteligente. Pero su aparición la había sorprendido por completo.
Peter: Rochi me dijo que tu cita se había cancelado— Lali asintió y se preguntó si le habría contado que los planes para la boda se habían postergado—Son para vos —Peter alargó las rosas.
Lali: Son preciosas —aceptó el enorme ramo de su mano y sus dedos se rozaron. Sintió un escalofrío por el brazo. Siempre sucedía lo mismo con Peter.
Peter: ¿Sería demasiado trillado decir que empalidecen ante ti?
Lali: Un cumplido como ése nunca es trillado —meneó la cabeza—¿Por qué te servis una copa a la biblioteca? Estaré lista en unos minutos.
Peter: Claro. ¿Te preparó una?
Lali: No, gracias.

La miró un instante más, y los ojos se demoraron en sus pechos, para subir de nuevo a su rostro. Luego, se dirigió a la biblioteca y ella le devolvió el favor. Lo estudió, arrobada por su aspecto con el esmoquin. Le sentaba a la perfección, como sólo sucedía con un Armani. Irradiaba éxito y olía a confianza, y Lali sólo pudo pensar qué iban a hacer las mujeres en la reunión en cuanto lo vieran. Y lo mucho que lo iban a odiar los otros hombres.