Peter no miró atrás, a pesar de que sentía curiosidad por saber cuánto tiempo podría Lali mantenerlo agarrado. Esa noche dejaría que pensara que ella había ganado. Rochi aminoró el paso al llegar a la puerta de atrás.
Rochi: ¿Vas a contarme qué haces aquí o le pregunto a Lali?
Peter: He venido en busca de una casa. De paso, pensé en asistir a la reunión. Eso es todo.
Rochi: Por favor, Peter. Estás hablando conmigo —llegaron a la puerta y la abrió para él. El aire cálido y húmedo los golpeó antes de salir al exterior.
Era verdad. Rocío, no era alguien a quien pudiera engañar. Nunca lo había sido. Incluso en el instituto, mucho antes de que Lali le regalara un segundo vistazo, Rocío había sido una amiga. Jamás le importó que no formara parte de su grupo social. Lo había aceptado por sí mismo, y fue ella quien, al final, había convencido a Lali de que debía salir con él. Le rodeó los hombros con un brazo y se los apretó.
Peter: De acuerdo. Te lo contaré, pero primero debes decirme algunas cosas.
Rochi: ¿Como qué?
Peter: Quiero que me hables de Pablo.
Rochi: ¿Pablo? Él está comprometido. Y no es de tu tipo –dijo graciosa.
Peter: Dios, extrañé mucho tu ingenio.
Rochi: Ojalá fuera verdad. De acuerdo. Te hablaré de Pablo, pero primero sentémonos. Los pies me están matando.
Pasaron al lado de la piscina olímpica, de las azaleas y el mirador. La casa de invitados estaba igual que cinco años atrás. Una pequeña y bonita cabaña con un porche delantero. La llave se hallaba debajo del felpudo, como siempre, y en cuanto entró fue como si hubiera regresado a través del tiempo al pasado.
La elegante decoración era de Lali, no de su madre. Alfombras mullidas de un verde oscuro. Un sillón y una otomana cómodos. Sillas tapizadas en chintz. Las increíbles litografías en las paredes de un verde pálido. Y, desde luego, las plantas... muchas plantas. Hasta el olor era el mismo, limón y especias. Siempre había asociado esa fragancia con Lali.
Rochi se dirigió a la pequeña cocina y sacó un poco de zumo de naranja de la nevera. Se sirvió un vaso.
Rochi: ¿Queres?— Sacudió la cabeza, sin dejar de notar las pequeñas cosas que lo rodeaban y que mucho tiempo atrás habían estado en su apartamento, como la mesita para el teléfono, la librería que le había regalado para su cumpleaños, el jarrón de cristal de Baccarat en la repisa —Deja vu, ¿eh? —comentó Rochi mientras se quitaba los zapatos y caminaba descalza hasta el sillón. Se levantó el largo vestido hasta revelar los muslos, se sentó y dobló las piernas bajo ella.
Peter: Ha pasado mucho tiempo —asintió. Se acercó a la gran silla que había junto a Rochi y se acomodó. Lo invadió una oleada de extenuación, y se dio cuenta de lo tensa que había sido la noche. Necesitaba dormir unos cien años. Pero eso tendría que esperar— Háblame de él, Ro. De cómo es con Lali.
Rochi. Es un gran tipo —suspiró ella— No grande como tú, pero grande. Quiere el éxito y trabaja para ello, aunque no se lleva a nadie a su paso. De hecho, hace más trabajo social que la mayoría de los abogados que he conocido.
Peter: De acuerdo, pero, ¿qué me dices de Lali y él?
Rochi: Se compenetran bien. Ya sabes lo organizada que es ella, y él necesita a alguien así. A ella le gusta que sea firme y de confianza.
Peter: Suena a que podrían abrir una oficina juntos, no casarse.
Rochi: A Lali le importa, y yo sé que a él le importa ella.
Peter: ¿Importarle? A mí me importa mi secretaria, lo cual no significa que quiera casarme con ella.
Rochi: Así que tengo razón. La quieres recuperar. Vaya. Es asombroso.
Peter: Oh, no. No malinterpretes mi interés. No quiero de vuelta a Lali. Y te puedo asegurar que ella tampoco a mí.
Rochi: Claro —rió— Si no quieres que vuelva contigo, ¿qué haces aquí?
Peter: Quiero abrir unas oficinas aquí. No soy el chico que se fue con cien pesos en su bolsillo gastado.
Rochi: Lo sé. Te he seguido la pista.
Peter: ¿De verdad?
Rochi: No ha sido difícil —asintió— Has aparecido en los periódicos.
Peter: Sólo en los financieros.
Rochi: Oye! Puedo dar la impresión de que no sé diferenciar una tarta de un pastel, pero créeme, me tomo mis finanzas muy en serio.
Peter: No lo dudo ni por un momento. Eres una de las personas más astutas que conozco.
Rochi: Así que no intentes engañarme con cuáles son tus intereses. Has venido por una cosa... para recuperar a Lali.
Peter: Reconoceré que he vuelto por algo más que las oficinas —frunció el ceño. Rochi lo miró de un modo inquietante— No quería que olvidara.
Rochi: ¿A ti? No seas estúpido —él sonrió. Sólo Rocío era así— Romper el corazón de una mujer tiene el extraño efecto de dejar una impresión duradera. ¿Sabes?, te amaba de verdad. No pretendía herirte.
Peter: ¿No crees que tenía derecho a estar irritado? —adelantó el torso.
Rochi: Sé que los dos estaban locamente enamorados —meneó la cabeza— Más que nadie que haya visto jamás. Ella lo hizo lo mejor que pudo. Deberías haberte quedado para solucionarlo.
Peter: No. No podía. Rocío, ella no quería lo que tenía. Quería otra cosa, convertirme en otra persona. En alguien que encajara en su vida.
Rochi: Era lo que conocía.
Peter: Cierto. Necesitaba crecer. Y yo también.
Rochi: Y has vuelto. ¿Quizá para exhibir un poco tu nueva empresa? ¿A tus nuevos y poderosos amigos?
Peter: Eso forma parte del plan.
Rochi: ¿Y cuál es el resto? —inquirió ella.
Pudo ver su preocupación. Era la mejor amiga de Lali, y sin importar lo que sintiera por él, Lali era su primera prioridad. No quería preocuparla. Pero había algunas cosas que tenía que hacer. Se levantó.
Peter: Es tarde— Rochi aceptó la insinuación y también se incorporó. Se acercó a él y tomó sus dos manos.
Rochi: Yo iría con cuidado si fuera tú, Pedro. Juegas con armas de gran calibre, y algunas personas podrían salir heridas.
Peter: ¿De verdad crees que podría lastimarla?
Rochi: No practiques tus juegos conmigo —le apretó las manos— Sabes lo que le provocas, lo vulnerable que es contigo. Escúchame, Peter. La venganza no es el modo adecuado de actuar. No obtendrás ninguna satisfacción.
Peter: ¿Venganza? ¿Para eso crees que he vuelto, Rochi?
Rochi: Creo que te sentiste herido —asintió— Creo que aún sigues herido.
Peter: Cuatro años son mucho tiempo. La gente crece.
Rochi: A veces.
Peter: Lo único que quiero es poner fin a algo. Con Lali dejamos cosas inconclusas.
Rochi: Perfecto. Eso es bueno. Siempre y cuando no empeore la situación. Ten cuidado. No revivas el pasado.
Peter asintió. Ella le dio un beso en la mejilla. Luego lo soltó y se dirigió a la puerta.
Peter: ¿Rochi? —ella se detuvo— Pablo no es adecuado para ella.
Rochi: Eso no lo sabes.
Peter: Sí que lo sé. Y vos también.
Rochi: La quiero —se volvió y regresó a su lado— Y si Pablo la hace feliz, entonces eso me basta.
Peter: ¿Feliz? ¿Acaso lo es?
Rochi: Se siente a gusto. Sabes que eso es importante para ella.
Peter: No siempre lo fue.
Rochi: Es verdad, no existe mucha pasión entre ellos. Pero es una de las cosas que le gustan de él. Ese tipo de pasión la asusta.
Peter: La asusta —repitió, pensando en lo que ella le había dicho. No le gustó la duda que entró en su cabeza.
Rochi: Simplemente cerciórate bien de que sabes dónde te vas a meter. Eres un hombre inteligente, Peter. Así que sé inteligente.
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