domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 19


Peter cerró con fuerza la puerta de la casa de invitados. Estaba furioso consigo mismo. Había dejado que sus emociones lo dominaran, algo que se había jurado no volvería a pasarle. Había sabido que estar con Lali no iba a ser fácil, pero el modo en que hacía que se sintiera era por completo inaceptable.

Fue a la cocina y se sirvió un vaso de agua. Resultó un esfuerzo calmarse, recuperar el control. Pensar en lo que acababa de suceder, en lo mucho que la había deseado, lo perturbaba de una forma que amenazaba con socavar todo.

Lo único que había querido había sido convencerla de que lo acompañara a ver la casa. Anhelaba observar sus ojos cuando viera el tipo de lugar que podía comprar con una sola llamada telefónica. Mostrarle lo que había abandonado. Cómo había triunfado el hombre del que tan avergonzada se había sentido. Y luego quería que fuera a sus brazos por propia voluntad. Que fuera suya. Pero el plan era que él no sintiera nada más que satisfacción. No desear que ella se quedara a su lado.

O… ¿Acaso se había estado engañando? ¿Había regresado con la esperanza de que aún lo amara? ¿Era posible que él todavía la amara?

Dejó el vaso y se dirigió hacia la mecedora en el salón. Se sentó, pero volvió a incorporarse. Tenía demasiada energía, y debía hacer algo. Gimnasia, tal vez, o subir el Everest.

¡Maldita sea! ¿Qué clase de poder tenía aún esa mujer sobre él? Nunca tendría que haber vuelto. Era un idiota.

No pensaba aceptar que ese día lo acompañara. Ya no quería que viera la casa. Quizá luego, cuando hubiera analizado todo. Cuando hubiera recuperado la cordura.

Sacó la cartera, extrajo la tarjeta de la agente inmobiliaria y la llamó. Postergó la cita y le dijo que la llamaría al día siguiente.

En cuanto colgó, se quedó con la mano sobre el auricular. Pensó en marcharse, en ir a un hotel y al demonio con todo. Pero sus asuntos con Lali no habían concluido. Y si quería continuar con su propia vida, debía dar por finalizada su relación. De una vez por todas. Y dejarla. O recuperarla.

No. Sólo la quería porque no podía tenerla. Se había acostumbrado mal en los dos últimos años. Cuando quería algo, lo conseguía. No era que aún la amara. Únicamente quería demostrar que podía tenerla.

Imaginó la reacción que eso provocaría. Pablo no se mostraría tan locuaz después de enterarse de que su perfecta futura esposa quería volver junto al pícaro con el que se había casado la primera vez. Y Gimena tendría que retractarse. Ya había dejado claro años atrás que él no era lo bastante bueno para su hija.

Había una cierta satisfacción en saber que podía volver su mundo del revés, pero también haría pasar a Lali un mal rato. ¿Valía la pena? ¿Para poder ganar? ¿De verdad era así? ¿Y si la recuperaba? Entonces, ¿qué? Además de la pasión, ¿quedaría algo entre los dos?

Cielos, necesitaba una copa. O un psiquiatra. Todo había parecido tan sencillo. Regresar a la ciudad, mostrarle a Lali, a su familia, a toda la maldita ciudad, que a pesar de toda su certeza de que jamás valdría algo, había triunfado a lo grande. Entonces se marcharía. Era algo simple, directo y satisfactorio. Jamás había considerado que la desearía.

¿Cómo iba a imaginar que al abrir la puerta de ese armario ella estaría abriendo la caja de Pandora? Si nunca la hubiera tocado, probado, nada de eso habría sucedido. Pero ya era demasiado tarde. Su contacto lo había marcado, lo había cambiado. Se había destinado a una vida de querer algo que no debería tener.

Mejor retirarse en ese momento. Largarse de ahí. Ya, antes de hacer algo que lamentara.
-
Lali no podía mantener la mano firme. La caligrafía era irregular como sus nervios. No era capaz de quitarse las palabras de Peter de la cabeza. Se esforzó por concentrarse en el gráfico de la distribución de asientos. Debía estar acabado al final de la semana, y a ese ritmo, no lo conseguiría ni en un mes. Dejó la pluma y se reclinó en el asiento.

Si no hubiera confundido a Peter con Pablo... Si hubiera parado en cuanto la besó... ¿Por qué había vuelto para atormentarla de esa manera?

Muy bien, la estaba castigando. Había sido desconsiderada, más preocupada con su propia imagen que con por el orgullo de él. Pero esa venganza era demasiado.

Había logrado establecer la paz consigo misma, se había reconciliado con una vida de felicidad sosegada pero segura. Pablo era un buen hombre. ¿Y qué si ella no era el centro de su universo? Él tampoco lo era del suyo.

Amar a alguien por encima de todo era algo demasiado sobrevalorado. Se recordó esperando la llegada de Peter a casa, desesperada incluso si tardaba cinco minutos. Su mundo se había visto reducido a dos estados muy desiguales: Peter y no Peter. Si él estaba, era feliz. Cuando no estaba, sentía como si también se hubiera ido una parte de su corazón. Los únicos momentos en que se sentía completa era cuando se hallaba con él.

Y había florecido. Entonces se había dedicado a pintar, y por primera vez consideró que tenía derecho a su arte. Además, había soñado más. Había querido comprar una galería de arte. Dios mío, llevaba años sin pensar en ello. Todo lo habían planeado juntos, hasta el más mínimo detalle.

La espontaneidad de Peter la había estimulado, y también asustado. Le había preocupado presentarlo a sus amigos por miedo a que no lo comprendieran. Incluso después de cerciorarse por sí misma de que podía encajar en cualquier parte, aún le preocupaba que alguien pudiera descubrir su pasado y... ¿qué? ¿Qué le hicieran el vacío a ella? ¿Qué la abandonaran?

Rochi lo sabía todo sobre Peter, y no le importaba. Entonces, ¿por qué había asumido la cautela de su madre con tanto ímpetu? Cuando se casó con Peter, lo hizo en contra de los deseos de su madre, y Gime había dejado bien claro que cometía un terrible error. Él la había arrastrado a su nivel. La había avergonzado junto con su familia. Pero no era verdad. Nunca lo hizo.

Al haber vuelto, había sacado a la superficie todos los recuerdos incómodos que Lali al fin había logrado enterrar. No sólo el deseo, sino también la inseguridad. Peter representaba peligro, cuando lo único que ella anhelaba era seguridad.

¿O no era así?

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