domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 22


Peter tiró a un costado la toalla y estudió la silenciosa calma de la iluminada piscina. Había sido una cena muy rara, y se excusó temprano, decidido a darle a su cuerpo el ejercicio que le reclamaba. Por lo general salía a correr.

La piscina lo había estado llamando toda la noche, en especial en el transcurso de la seca pero animada charla durante la cena. Gimena casi ni lo había mirado, mientras que Lali se había mostrado demasiado atenta. Sólo Nicolás y Cande habían sido los de costumbre, y sospechaba que los dos también habían percibido que pasaba algo. Se preguntó si entendían que el problema se centraba en torno a él. Jamás se había mencionado, pero su presencia en ese hogar causaba dolor en todas las direcciones.

Se colocó de espaldas, cerró los ojos y flotó. Entonces, pudo concentrarse en la sensación de ingravidez y libertad, en la gran quietud rota sólo por el sonido de los grillos.

La sintió en el agua antes de oírla. Una onda que perturbó la quietud. Era Lali. Lo supo. Ningún Espósito iría a la piscina esa noche. Cande tenía una cita, y Gime y Nico casi siempre olvidaban que tenían un patio trasero.

Flotó a la deriva, a la espera de ver si se dirigía hacia él. Pensó en ella con el traje de baño, pero un segundo después la imagen cambió a una Lali desnuda. Nunca había hecho el amor con ella en una piscina. En una ducha, sí, pero no en una piscina. ¡Rayos! tuvo que girar para que no se notara el bulto en su bañador.

Se sumergió y vio sus piernas a la débil luz. Un momento más tarde, llegó a su lado y se sacudió el agua de la cabeza mientras se frotaba los ojos.
Lali: No quería molestarte —explicó— pero el agua tenía un aspecto muy tentador. No sé por qué ya no nado tanto por la noche. Es mi momento favorito.
Peter: Es agradable —comentó, intentando calibrar su estado de ánimo.

Lali alzó la vista y giró la cabeza hasta que encontró la luna. Al volver a bajarla, le sonreía.
Peter: ¿Qué? —preguntó.
Lali: No sé. Supongo que algo acerca de la luna llena. Me preguntaba qué hora era y si tardarías en convertirte en un hombre lobo.

Le enseñó los dientes y gruñó, luego escuchó su risa. Ese sonido increíble. La luna le hizo un favor e iluminó su rostro. Observó cómo se le arrugaron los ojos, cómo sus dientes parecían muy blancos, cómo las gotas de agua se aferraban a su mejilla. Él le tocó el brazo y bajó la mano de su hombro a sus dedos.
Lali: ¿Peter?
Peter: ¿Hmm?
Lali: Lamento lo sucedido en la cena.
Peter: ¿Por qué? Me gustan el pollo y los champiñones.

Le dio un ligero empujón haciendo que perdiera el equilibrio durante un segundo, y cuando lo recuperó quedó más cerca de ella, casi tocándose.
Lali: No me refería a la comida. Quiero decir... Mi madre y yo tuvimos una pelea.
Peter: Hmm. Supongo que por mí, ¿no?
Lali: No cree que sea muy apropiado que te quedes aquí, en especial cuando Pablo se encuentra fuera de la ciudad.
Peter: ¿Vos qué pensas?

Lo estudió largo rato, luego dejó que su mano flotara hacia la suya.

Lali: No sé qué pensar. No estoy segura de que comprenda por qué estás aquí.
Peter: ¿No? —ella sacudió la cabeza— Estoy aquí por ti.

Se movió esos pocos centímetros que quedaban hasta que su torso desnudo entró en contacto con sus senos. Quiso quitarle el sujetador que le impedían sentirla por completo, pero volvió a pasarle la mano por los hombros. Ella no se opuso. Se equilibró sujetándose a sus costados, y al tocarlo, Peter experimentó en su máxima plenitud la reacción que había intentado ocultarle antes. Pero ya no la escondió. Se frotó contra ella, dejando que sintiera el poder que tenía sobre él.

En cuanto se cercioró de que podía estar de pie y de que ella no resbalaría, se inclinó y la besó con suavidad mientras le acariciaba la espalda. Se preguntó si se apartaría o si la luna también le había robado el sentido.

Obtuvo la respuesta cuando Lali convirtió el beso en algo más profundo. Sintió la lengua deslizarse entre sus dientes para penetrar en su boca con el fin de probar y tentar. Gimió al devolvérselo y se apretó contra su cuerpo, realizando una danza que ambos conocían de memoria.

Al mover la mano hacia la parte superior del traje de baño e introducir los dedos por debajo de la tela, apoyó el dedo en su pezón endurecido. Lali apoyó la mano en la suya y la inmovilizó. Rompió el beso con un suspiro.
Lali: No, Peter. Para.

¿Parar? ¿Parar cuando tenía el cielo en sus brazos? ¿Cómo podía hacerlo? Quiso besarla otra vez, pero ella giró la cabeza y se retiró de sus brazos.
Lali: No podemos —añadió ella.
Peter: Tú quieres. Lo sé.
Lali: Sí —repuso tan bajo que la brisa estuvo a punto de llevarse el sonido— Pero no está bien. No puedo hacerlo. No a Pablo ni a mí misma. No puedo estar contigo, Peter, y lo sabes. Esto... esto es real, y poderoso, pero no basta. Lo sabemos, ¿verdad? De lo contrario, aún seguiríamos juntos.

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