domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 34


Lali: ¿Papá? ¿Tenes un minuto? —El padre de Lali asintió al alzar la vista del libro que leía. Había visto la luz de la biblioteca encendida al entrar. Necesitaba consejo.
Nico: ¿Cómo fue la fiesta? —sonrió.
Lali: Interesante... —entró y cerró la puerta a su espalda.
Nico: ¿Sí? —cerró el libro— Contame— Se acercó al sofá, se quitó los zapatos y se acurrucó en el rincón. Siempre le había gustado hablar con su padre en esa sala.
Lali: Cancelé la boda.
Nico: Eso es interesante.
Lali: Y Peter me pidió que me vuelva a casar con él —sonrió, pero duró poco. Le tembló la barbilla y contuvo las lágrimas. Cuando su padre le alcanzó la caja con las toallitas de papel, dejó de parpadear tanto.
Nico: ¿Y qué le contestaste?
Lali: Que no quería hablar de ello —se secó los ojos — Papá, no rompió el currículo. Lo usó. Así consiguió su trabajo, empleando las mentiras que yo inventé, por las mismas por las que me dejó.
Nico: Comprendo —dijo con calma.
Lali: No pareces sorprendido.
Nico: No lo estoy. Lo supe desde hace mucho tiempo.
Lali: ¿Y por qué no me lo dijiste? —no podría haber anunciado algo que la sorprendiera más.
Nico: Era un secreto. Ahora que tú ya lo sabes, no veo daño alguno en admitirlo, pero antes no podía. No lo habría hecho, aunque Peter no me hubiera pedido que lo callara.
Lali: ¿Por qué?
Nico: Porque era algo que debían solucionar los dos. Peter necesitaba decírtelo, pero antes tú tenías que disculparte con él. Se cometieron errores. Mi interferencia no habría corregido ninguno.
Lali: ¡Pero soy tu hija!
Nico: Precisamente por eso debía mantenerme al margen. No podía solucionar esto por ti, cariño. Debías comprenderlo por ti misma, tomar tus propias decisiones.
Lali: Pero, ¿cómo lo averiguaste? —Nicolás titubeó, y supo que estaba decidiendo si contarle o no la verdad. No mentiría, aunque tal vez decidiera que era otra de esas cosas que tenía que averiguar por sí misma.
Nico: Peter me llamó hace unos 2 años y medio. Me preguntó si podía leer una carta que había escrito para brindarle alguna sugerencia sobre cómo mejorarla.
Lali: ¿Lo sabía mamá?
Nico: No —rió entre dientes— Era algo entre Peter y yo.
Lali: Continúa. ¿Qué decía la carta?
Nico: Era su renuncia de Merrill Smith. En ella se confesaba y disculpaba.
Lali: ¿Qué? —se echó atrás, asombrada.
Nico: No había podido vivir con ello, a pesar de que su trabajo era sobresaliente. No podía continuar con la mentira. Se lo dijo y se marchó, y en esa época creo que no tenía ni idea de que pudiera ganarse la vida. Un rasgo importante para un hombre que había crecido sin nada.
Lali: ¿Y por qué usó el currículo?
Nico: ¿Por qué lo escribiste tú?
Lali: Porque era joven, estaba asustada y era necia —Nicolás asintió. Ella se quedó en silencio y empezó a romper en trozos pequeños el pañuelo de papel—. Eso no lo excusa. Ni tampoco que no me lo contara.
Nico: Lo hizo. Probablemente un poco más tarde de lo que tendría que haberlo hecho, pero en cuanto entró por la puerta de esta casa supe que te lo iba a contar. Sólo podía confiar en que esperara el tiempo suficiente para que tú solucionaras tu parte en el asunto.
Lali: Esto es tan maquiavélico. No puedo creerme que lo supieras y no mencionaras nada.
Nico: Estaba en juego la felicidad de mi nena. Debía actuar con precaución.
Lali: ¿Y por qué me lo contas ahora?
Nico: Porque, a menos que me equivoque mucho, creo que amas a Peter.
Lali: Deberías tener tu propia línea para adivinar el futuro —suspiró.
Nico: No costó tanto adivinarlo, hija —rió— Cuando él entró, te convertiste en otra persona. Volviste a ser Lali.
Lali: Pobre Pablo —comentó ella.
Nico: Aguantará, no te preocupes por él.
Lali: Sigo asustada, papá. No sé qué hacer.
Nico: No te digo que te cases con Peter. Debes tomar tu propia decisión al respecto. Sea lo que fuere, tu madre y yo te apoyaremos por completo.
Lali: ¿Mamá me apoyará si vuelvo con Pitt? —abrió mucho los ojos.
Nico: Lo hará. Dale tiempo. Pero no es eso lo que importa. Eres tú quien ha de vivir tu vida. Debes elegir la dirección que tomará.
Lali: Odio elegir —su padre le lanzó una sonrisa llena de amor y afecto.
Nico: Para lo que pueda servirte, creo que Peter mostró una gran dosis de coraje. Cometió un error. Nos pasa a todos. Pero muy pocos lo reconocemos y lo reparamos. El éxito que pueda tener hoy lo ha conseguido por su propio mérito.
Lali: Esta noche pasamos un rato juntos — anunció, y sacó otro pañuelo— A solas. Fue maravilloso, pero, ¿sabes? aún creo que me pone en un pedestal.
Nico: Sabe que eres humana, cariño, aunque no creo que jamás te baje de ese pedestal. No lo tendría en tanta consideración si lo hiciera.
Lali: ¿Podré estar a esa altura?
Nico: Creo que ese es un objetivo muy loable.

Se levantó, se acercó al sillón de su padre y se inclinó para besarlo en la mejilla.
Lali: Gracias, papá. Aprecio... todo lo que has hecho.
Nico: Me alegra haber podido serte de ayuda — dijo—. Es tarde. Es hora de que los dos nos vayamos a dormir.
Lali: Subiré en un rato.
Nico: Sigue tu intuición, hija —dijo desde la puerta— Son de fiar.

En cuanto se marchó, dudo entre ir a la cocina o a la cama. Al final se decidió por ir a la piscina. El aire la ayudó de inmediato. Calmó sus nervios y tranquilizó sus pensamientos. Al dirigirse hacia la piscina, las cosas encajaron en su sitio, y al llegar al borde del agua ya había tomado su decisión.

Se casaría con Peter.

Volvería a vivir con él, pero en esa ocasión en igualdad de condiciones. Con la experiencia que tenían a sus espaldas, sabiendo lo frágil que era la relación, cuidándola con esmero. Ella estaría a su lado en sus triunfos y fracasos. Y sabría que siempre tendría el apoyo de él. Tendrían hijos que heredarían sus ojos, su humor, su fuerza.

Miró las leves ondas que fluctuaban en el agua. A su lado apareció la sombra de un hombre alto.
Peter: No podía irme —explicó— No podía hacerlo esta vez, Lali, Lo que hice estuvo mal. Cometí un terrible error —ella se volvió y lo miró a los ojos. Ése era el hombre con el que quería crecer. A quien cuidaría y con quien se reiría. Con él que haría el amor— ¿Por qué sonríes? —preguntó confuso.
Lali: Porque sé algo que vos no sabés.
Peter: ¿Y qué es?
Lali: Sé que tú y yo vamos a ser muy felices.
Peter: ¿Sí?
Lali: Vamos a tener tres o cuatro hijos. Un perro y un gato. Vamos a comprar juntos una casa. Iremos de vacaciones y a partidos de béisbol. Y vamos a pasar mucho tiempo en el dormitorio.
Peter: Suena perfecto —le tomó las manos— Pero, ¿por qu...?
Lali: Esto es lo que aprendí, Peter. Requiere mucho tiempo crecer. Quizá toda una vida. Pero me gustaría hacerlo contigo a mi lado. ¿Qué te parece?
Peter: Creo que sos la mujer más maravillosa del mundo. Casi una diosa.
Lali: Pensé que ya habíamos hablado sobre eso —apoyó las manos en las caderas.
Peter: Dije casi. Te quito puntos por roncar.
Lali: ¡Yo no ronco!
Peter: Ahh, Lali —comentó con ternura y humor— Son unos ronquidos muy, muy bonitos.
Lali: Creo que será mejor que me beses —suspiró ella.

Él obedeció.

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