Había cancelado un viaje a Las Vegas, una reunión con un nuevo banco y una cena con la muy atractiva directora general del hotel. A Peter sólo le quedaba por decidir si iba a asistir a la reunión de ex-alumnos.
Adrede se había alojado en el hotel donde se iba a celebrar la fiesta, y ya ni siquiera sabía si deseaba ir.
Se levantó de la silla y se acercó al teléfono junto a la cama. Aunque la suite del hotel tenía todo lo que podía desear, había odiado cada minuto que había pasado en ella. No había hecho nada desde que llegó, salvo ver el canal de deportes, llamar al servicio de habitaciones para que le subieran la comida y preguntarse qué estaría haciendo Lali. Si pensaba en él.
Ni siquiera le contó a Rochi dónde se alojaba. Lali necesitaba tiempo para pensar, y su presencia sólo serviría para enredar más la situación. Lo más probable es que terminara casándose con Pablo. Él se daba más o menos un 5% de posibilidades. Nada más.
Pero mientras existiera una posibilidad, no pensaba desaparecer por completo. Sólo necesitaba recuperarse y prepararse para las inevitables malas noticias.
Bueno, no había ningún tiempo mejor que el presente. Esa noche, delante de todas las personas que en el instituto pensaron en él sólo para burlarse, bien podría terminar lo empezado. Se sentó en el borde de la cama y alzó el auricular. Pero en vez de llamar a Lali, marcó el número de Rochi. Sonó un rato, luego la oyó jadeante.
Rochi: Hola.
Peter: Hol… —saludó.
Rochi: ¿Dónde diablos has estado? —inquirió rápidamente.
Peter: En Adam's Mark.
Rochi: ¿Por qué no me llamaste?
Peter: Te llamo ahora.
Rochi: No te hagas el listo. Ya tengo suficientes traumas esta noche sin necesidad de añadirte a la lista.
Peter: ¿Qué sucede?
Rochi: Para empezar, el vestido que me iba a poner tiene una mancha horrible en el costado derecho, y no tengo ni idea de dónde salió, pero pretendo demandar a la tintorería y arruinarla.
Peter: Vas a estar fabulosa, Ro. Siempre lo estás.
Rochi: Gracias —aceptó el cumplido como algo merecido— Pero eso sólo es el principio.
Peter: ¿Y el resto?
Rochi: Lali, desde luego.
Peter: ¿Oh? —trató de mantener la voz indiferente.
Rochi: Vamos, Pitt. Sabes que te moris por preguntármelo…
Peter: Adelante —dijo.
Rochi: Primero, esta noche no piensa ir.
Peter: ¿Qué?
Rochi: Le dije que pasaría a recogerla a las siete, pero no estoy segura de que vaya.
Peter: Pensé que asistiría con Pablo.
Rochi: Y ella también, hasta esta mañana. Han estado hablando. Una charla larga. Hasta anoche, la boda aún seguía programada, pero el nivel de entusiasmo era menos que estelar, si sabes a qué me refiero. Y esta mañana la llamó. Pablo le explicó que tenía que cenar con un cliente y le preguntó si quería acompañarlo y saltarse la reunión. Desde luego, ella repuso que no, afirmó que llevaban planeándolo más de un año, pero él no cedió. Así que dijo que no lo acompañaría a la cena, y él, a su vez, que no pensaba asistir a la reunión.
Peter: ¿Ro?
Rochi: ¿Sip?
Peter: No la recojas.
Rochi: Esperaba que lo pidieras.
Peter: ¿Tenes algún consejo que darme?
Rochi: Su vestido es rojo, así que cerciórate de que las flores combinen con el color del vestido.
Peter: No me refería a eso.
Rochi: Oh. Lo único que puedo decirte es que se ha sentido bastante mal. No sabe qué hacer,Peter. Aún tiene miedo.
Peter: ¿Miedo?
Rochi: De decepcionarte.
Peter: ¿Qué? No podría aunque lo intentara. Es perfecta.
Rochi: A eso voy —suspiró con sonido dramático— Nadie es perfecto, Pitt —continuó ella— Ni siquiera La…
Peter: Maldición —cerró los ojos, y la verdad y todas sus repercusiones fueron como un golpe.
Rochi: De nada. Y lleva esmoquin. Es elegante.
Peter: Te veré esta noche —colgó.
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Rochi llegaba a tiempo, lo cual no era normal. Lali ni siquiera había terminado de pasarse el lápiz de labios ni de ponerse los zapatos. Abrió la puerta y se quedó paralizada. Peter, con un esmoquin negro y sosteniendo lo que parecían varias docenas de rosas rojas, se hallaba donde se suponía que debía estar Rochi.
Él esbozó una sonrisa tentativa, y por un momento ella sólo pudo empaparse con su visión, y reaccionar. No era una opción. Supo que se ruborizaba... pudo sentir el calor en sus mejillas, y no fue el único sitio donde lo experimentó.
Peter: Jamás llegué a llevarte al baile de graduación —sin apartar la vista de ella— Me gustaría compensar aquella noche.
Lali: No te esperaba.
Peter: Sorpresa —y la observó con el mismo anhelo que ella sabía que debía mostrar su propia cara.
Lali: Pasa —retrocedió, aunque no estaba segura de que fuera lo más inteligente. Pero su aparición la había sorprendido por completo.
Peter: Rochi me dijo que tu cita se había cancelado— Lali asintió y se preguntó si le habría contado que los planes para la boda se habían postergado—Son para vos —Peter alargó las rosas.
Lali: Son preciosas —aceptó el enorme ramo de su mano y sus dedos se rozaron. Sintió un escalofrío por el brazo. Siempre sucedía lo mismo con Peter.
Peter: ¿Sería demasiado trillado decir que empalidecen ante ti?
Lali: Un cumplido como ése nunca es trillado —meneó la cabeza—¿Por qué te servis una copa a la biblioteca? Estaré lista en unos minutos.
Peter: Claro. ¿Te preparó una?
Lali: No, gracias.
La miró un instante más, y los ojos se demoraron en sus pechos, para subir de nuevo a su rostro. Luego, se dirigió a la biblioteca y ella le devolvió el favor. Lo estudió, arrobada por su aspecto con el esmoquin. Le sentaba a la perfección, como sólo sucedía con un Armani. Irradiaba éxito y olía a confianza, y Lali sólo pudo pensar qué iban a hacer las mujeres en la reunión en cuanto lo vieran. Y lo mucho que lo iban a odiar los otros hombres.
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