Lali: Peter —dijo con tono ligero— Ven a ver esto —Se volvió hacia ella y tuvo que pensar a toda velocidad. Había una estatua más bien fea de una mujer desnuda en un pedestal, y la señaló como si se tratara de la Venus de Milo.
Un poco desconcertado, Peter abandonó a Belén y se acercó a Lali.
Peter: Es... bonita.
Lali: Lo es, ¿verdad, cariño? —le tomó la mano y lo condujo hasta el cuarto de baño.
Peter: ¿Qué es esto? —preguntó él.
Lali: Un cuarto de baño.
Peter: No, me refiero a esto —alzó sus manos entrelazadas.
Lali: Oh, por el amor del cielo —lo soltó de inmediato— Es un modo de hacer que vengas conmigo. Eso es todo —¿Te gusta Belén? —él sonrió.
Peter: Shh. Te oirá.
Lali: ¿Y? —se volvió y cerró la puerta del baño—Es muy agradable…. Aunque...
Peter: ¿Sí? —instó, pegándose a ella.
Lali: Nada. Es estupenda. Es la reina de las agentes inmobiliarias.
Peter: Estás celosa.
Lali: No seas ridículo. ¿No es hora de ir a comer?
Peter: Y yo que pensé que no te importaba— rió.
Lali: No me importa. No en ese sentido.
Peter: Ah, Lali tus ojos dicen otra cosa...
Lali: Mis ojos no han hablado en mucho tiempo, Peter. ¿Vas a comprar la casa o no?
Peter: ¿Qué crees que debería hacer?
Lali: Es una casa fantástica ¿Un sitio donde tú serías feliz? En teoría, por supuesto.
Peter: Es un poco grande. Aunque no si tuviera, digamos que tres o cuatro hijos.
Lali: En teoría —recalcó ella.
Peter asintió.
Tres o cuatro hijos. Esa había sido la idea original. Una cosa que siempre había sabido era que Peter sería un padre magnífico. Le daría a sus hijos todo lo que él jamás tuvo de niño. Pero la idea se había hecho mil pedazos.
Lali: Creo que eres tú quien tiene que decidir si te gusta. Después de todo, va a ser tu casa.
Peter: ¿Y cómo es que aún vives con tus padres?
Lali: Volví con ellos después de separarnos. Se suponía que iba a ser algo temporal, pero luego me comprometí con los refugios y nunca dispuse del tiempo para buscar una casa.
Se acercó a ella y le acarició el cabello; sostuvo un mechón entre los dedos pulgar e índice.
Peter: ¿Qué me dices de Pablo y de vos? ¿Dónde van a vivir después de...?
Lali: Voy a trasladarme a su casa después de la boda.
Peter: Ah.
Lali observó sus dedos, luego lo miró a los ojos. Parecía extrañamente hipnotizado por su pelo, desconcertado por su textura.
Lali: ¿Qué?
Peter: Recuerdo esto. Jamás sentí algo parecido. Es suave y hermoso.
Lali: Es sólo pelo.
Peter: No. Es tu pelo —luego movió los dedos a su mejilla, acariciándola con la misma reverencia— Tu piel.
La inmovilizó con sus ojos verdes, inquisitivos, implorantes. Se aproximó más. Ella supo que iba a besarla, y recordó que aquella mañana había decidido que, de una vez por todas, no podía permitir que volviera a suceder. No era correcto. No era... Cerró los ojos cuando sus labios rozaron los suyos.
Peter: Tus labios —susurró él con aliento cálido y dulce.
Entonces, la besó. Al principio sus bocas apenas se tocaron. Fue un contacto suave, tentativo, que encendió un fuego lento en el interior de ella. Jugó con Lali hasta que ésta ya no pudo soportarlo y avanzó el último centímetro que quedaba.
Belén: ¡Hola! —Lali se apartó tan deprisa, que golpeó el bidé con las piernas, perdió el equilibrio y, en el momento en que entraba Belén, cayó sobre él— Oh, lo siento —la agente se ruborizó. Giró de inmediato— No pensé que...
Lali: Está bien —se levantó intentando controlar su propio rubor— No...
Belén: Sólo quedan el armario y el dormitorio de invitados —indicó.
Peter: ¿El armario?
Lali: ¡No! —exclamó. Belén parecía confusa. Peter se dirigió a ella.
Peter: No hace falta mirar más. Ya me he decidido. La compro.
La agente se iluminó como un árbol de navidad, olvidado ya el ligero incidente.
Belén: ¿De verdad?
Peter: Si llegamos a un acuerdo sobre el precio.
Belén Oh, desde luego. Si me siguen, podemos empezar de inmediato con el papeleo.
Peter: Llevaré a la señorita Espósito a su casa ¿Por qué no lo prepara todo y la vuelvo a llamar para establecer otra cita?
Belén: Oh, claro. Claro. Lo haré.
Peter: Gracias. Encontraremos la salida.
Lali casi pudo ver los signos de dólar bailar en los ojos de Belén. La comisión por esa casa sería enorme. La vendedora sonreía con amplitud al salir del cuarto de baño.
Peter: ¿Seguro que no queres ver el armario? — le preguntó a Lali.
Lali: ¿Por qué la vas a comprar?
Peter: Porque me gusta.
Lali: ¿De verdad? —él asintió— ¿No tiene nada que ver conmigo?
Peter: No —sonrió de forma enigmática— Antes sí, pero ya no. No de la misma manera —miró en derredor del gigantesco baño— Es un lugar en el que puedo vivir el resto de mi vida. Aquí puedo tener una familia. Un futuro.
Lali sintió un nudo en el pecho, sorprendida por su intensidad. La idea de que se estableciera con otra mujer, de que tuviera hijos con otra, hizo que su reacción ante Belén pareciera una insignificancia.
Peter: ¿Qué sucede? —preguntó él, acercándose y tocándole levemente el brazo.
Lali se apartó como si la hubieran quemado.
Lali: Nada. Nada. Felicidades por la casa, Pitt —se volvió hacia la puerta y se obligó a no correr.
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