Lali: Sí. Soy tan feliz como puedo serlo —pero su mirada permaneció en Peter mientras éste se movía entre la gente como una pantera al acecho.
Quizá si lo dijera en alto suficientes veces llegaría a creérselo. La cuestión era que lo había superado.
Había necesitado cuatro años, pero lo había conseguido. Se lo había quitado de encima, había dejado de pensar en él al acostarse y al levantarse. Había realizado nuevas elecciones, se había enfrentado a nuevos demonios, y todo ello sin engordar.
Entonces, ¿por qué tenía esa sensación incómoda y dolorosa en el estómago? No pudo mirarlo más; se volvió hacia Rochi y gimió.
Rochi: Aún lo quieres, ¿verdad? —preguntó su amiga estudiando su cara— Quiero decir, han pasado años. Ni siquiera has hablado de él desde el invierno pasado. Era típico de Rochi recordar eso. Un momento vulnerable, un comentario descuidado. Pero el dolor se reduce, la necesidad mengua. No desaparece por completo, pero se logra manejar.
Rochi: Mirame, Lali —instó, quitándose la máscara y depositándola sobre la mesa. Lali no podía. Clavó la vista en los zapatos de su amiga— ¡Rayos, mírame!
Alzó la vista a la única persona a la que jamás había podido mentir. No, no era la única persona. La otra se hallaba junto a la escalera, el otro invitado sin máscara.
Rochi: ¡Oh, Dios mío!
Lali: ¿Qué?
Rochi: Aún lo quieres. Tienes un tic en el ojo.
Lali: No lo quiero —se llevó una mano al ojo con la intención de parar el tic— Ni siquiera me gusta.
Rochi: Cariño —le tocó el brazo— lo siento. Parecías tan feliz con Pablo.
Lali: Lo era. Quiero decir, lo soy. Nada ha cambiado.
Rochi: Ha cambiado todo. Cielo santo. Ahora ya no puedes seguir adelante.
Lali: ¿Seguir adelante con qué?
Rochi: Con la boda. No sería correcto.
Lali: Deja de hablar como si esto fuera el último acto de Hamlet. Y no me mires así. Te saldrán arrugas. No siento nada por Peter Lanzani, salvo irritación. Desearía que no hubiera...
Rochi: Es el destino que llama a tu puerta. Presta atención, por tu bien y por el de Pablo —Lali no pudo responder. La boca parecía no funcionarle. De todas las ideas tontas que había tenido alguna vez Rocío, ésa era la mayor. Su amiga la estudió y agitó la cabeza— Bueno, no digas que no te lo advertí.
Lali: Estás loca —escupió las palabras— Le tengo mucho cariño a Pablo.
Rochi: No se le tiene cariño a un novio. Lo amas o no lo amas.
Lali: Lo... amo —incluso a sus propios oídos la afirmación sonó débil.
Rochi: Sí. Era lo que me imaginaba.
Lali miró hacia la escalera. Peter hablaba con Candela. Parecía tan tranquilo, tan firme. ¿Es que nadie recordaba? ¿Él no recordaba?
El día que se marchó quedó grabado en su memoria con tanta fuerza, que sabía que todos los detalles estarían claros incluso cuando cumpliera los noventa años. Había sido una insignificancia con la que pretendía ayudarlo. Pero Peter se enfadó tanto. Las amargas palabras que le dirigió debieron bastar para que lo odiara, pero no fue así. En toda su desgracia, jamás había conseguido odiarlo.
Rochi: ¿Y qué vas a hacer?
Lali: Nada. Debo planificar una boda. No se me puede molestar con algo tan insustancial como una visita de mi ex marido.
Rochi: Yo diría que Peter es muchas cosas, pero desde luego no insustancial.
Lali: Vino a pasar unos días, nada más.
Rochi: Waterloo sólo duró unos días, y mira cómo terminó para Napoleón.
Lali: No se trata de una batalla.
Rochi: No estoy muy segura. A mí me da la impresión de que Peter te tiene rodeada por tres flancos.
Lali: Sacas unas conclusiones exageradas, Ro. Está aquí para buscar una casa. No ha vuelto por mí.
Rochi: Claro. Regresa la misma noche de tu fiesta de compromiso porque está interesado en propiedades inmobiliarias.
Lali quería cambiar de tema, hablar de cualquier cosa... dinero, religión, violencia en la televisión. No importaba qué, mientras no fuera sobre Peter. Pero pensar en su nombre hizo que volviera a mirar en su dirección.
Lali: ¿Esa es Paula? —preguntó, indicando con disimulo a la mujer que se había unido a Peter y su hermana y que se pegaba a él como una lapa.
Rochi: ¿Quién, la que lleva el disfraz al estilo de Dorothy Lamour?
Lali: Sí.
Rochi: Creo que sí. Siempre le gustó Peter.
Lali: ¿Podría ser más directa si lo intentara? ¿Por qué no se quita el sarong y baila la danza de la fertilidad sobre el paté?
Rochi: Si a vos Peter no te interesa nada. No sé en qué estaría pensando —se plantó ante Lali y le asió los hombros—. Amiga, debes tomar una decisión. Ahora mismo. Si no, las cosas podrían enredarse demasiado.
Lali miró a Rochi a los ojos. Se obligó a no tener ningún tic.
Lali: Estoy bien —dijo— Soy feliz. No me importa que haya venido.
Rochi: De acuerdo —suspiró— Como tú quieras. Pero para que lo sepas, el doctor Gephart estará toda la semana fuera de la ciudad.
Lali: No necesito una cita con tu psicólogo.
Rochi: Lo necesitarás.
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