domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 33



Lali oyó a Jimmy comentar algo sobre cómo la gente jamás cambia, y luego risas. Sintió que los últimos cinco años de su vida regresaban y la abofeteaban.
Peter: Vámonos. Me gustaría explicártelo.
Lali: ¿Explicar qué?
Peter: Por favor, La, éste no es sitio...
Lali: Es el sitio perfecto para que salga la verdad. Es una reunión, ¿no? El momento para rememorar el pasado —sabía que la mano de él estaba en su brazo, pero la sentía extrañamente desconectada. Entonces, Pablo se situó a su lado y le agarró el otro brazo.
Pablo: Ella se viene conmigo —le anunció a Peter— Creo que ya has hecho más que suficiente por una noche.

Lali quiso soltarse, pero una vez más su educación entró en juego. Sin dejar de sonreír, con suavidad se volvió hacia la salida. Rochi se plantó delante de ella con preocupación en su rostro.
Rochi: Vamos, Lali —replicó conduciéndola hacia la puerta.

Lali no discutió. Estaba demasiado ocupada pensando en lo que acababa de oír, recordando la tarde en la que Peter había encontrado el currículo falso. Ninguna de las mentiras era descarada. Había ido a la Universidad de Texas y no a la de Wharton, y no se había sacado el master. Había trabajado en el banco de su padre, pero como dependiente, no como ejecutivo de préstamos. Jamás había pertenecido a las organizaciones políticas o sociales que ella había indicado, ni a la fraternidad que lo señalaba como un joven rico con una buena familia. Eran la clase de mentiras que serían motivo para un despido inmediato si se descubrían.

Recordó como Peter se había puesto pálido. Le dijo que siempre había sabido que no lo consideraba suficiente para ella, que no le hacían falta sus engaños para conseguir un trabajo. Y aunque no creyera en él, lo conseguiría gracias a su cerebro y a su talento. Que nunca en su maldita vida había tenido nada, y que había tenido que luchar por todo lo decente que había logrado. Recordó cómo le dijo que se marchaba. Que se divorciaría de ella para que pudiera encontrar a alguien con sangre lo bastante azul y con una cuenta corriente enorme. Pero que un día volvería para mostrarle su error.

Bueno, eso se había cumplido. Había vuelto y se lo había demostrado.

Al salir del salón junto a Rochi se dirigieron al vestíbulo del hotel. Se volvió y vio que Pablo y Peter las habían seguido. Los dos la observaban, uno con triunfo y el otro derrotado. No iba a postergarlo. No esa noche.

Miró a Rochi y a Peter.
Lali: ¿Nos disculpan un momento? —Tomó la mano de Pablo y lo llevó a un sofá de un rincón vacío. Se sentaron y observó el rostro del hombre al que había acudido en busca de seguridad.
Pablo: Lali...
Lali: No, por favor —alzó una mano— Quiero acabar con esto. No creo que sea una buena idea que nos casemos. No por lo que acaba de suceder, y tampoco por algo que hayas hecho. Entre los dos no hay nada y nunca lo ha habido —él quiso protestar, pero ella lo acalló con un beso en la mejilla— Sabes que es la verdad. Entre los dos nunca ha habido más que una amistad que yo he atesorado. Pero jamás fue amor. Nunca el tipo de amor que nos hubiera satisfecho a los dos.

Pensó que él iba a protestar, pero no lo hizo. En realidad, pareció un poco aliviado. Miró a Peter, luego a Rochi, a quien estudió largo rato.
Pablo: Lo siento —dijo.
Lali: ¿Por qué? No hiciste nada malo. Fuiste un perfecto caballero.
Pablo: Así que eso es lo que hice mal, ¿eh? —rió.
Lali: No, eso lo hiciste bien —sonrió y le tocó la mejilla— Y mereces tener a alguien que aprecie todo lo que eres y te ame con toda la pasión del mundo.
Pablo: Los dos lo merecemos.
Lali: Sí —ella asintió.
Pablo: ¿Es él? —preguntó mirando a Peter.
Lali: Lo era… Pero ahora ya no lo sé.
Pablo: Tenías que conocer la verdad. Lamento haberte herido, pero...
Lali: Necesitaba conocerla, aunque, con franqueza, habría preferido oírla de otra manera.
Pablo: Tenía que intentarlo —él bajo la vista con el ceño fruncido— Me importas.
Lali: Sí. Lo sé.
Pablo: ¿Qué harás?
Lali: Irme a casa. Dormir un poco. Mañana va a ser un día bastante ajetreado. Mi madre va a sufrir un ataque —dijo, exagerando.
Pablo: ¿Hay algo que yo pueda hacer?
Lali: Decírselo a tu familia. Yo me ocuparé del resto. Pero ahora debo hablar con Peter.
Pablo: Esperaré. Te llevaré a casa.
Lali: No. Gracias, pero no. ¿Trajiste a Rochi? —asintió— Llévala a ella a casa. Y deja que sea tu amiga. Si se lo permitís, estará ahí para ti.
Pablo: Eso ya lo he descubierto —esbozó una sonrisa inesperada. Una que Lali no estaba segura de entender— Últimamente, hemos hablado bastante por teléfono.
Lali: Me alegro.
Pablo le tomó la mano y la apretó, luego se adelantó y la besó con mucha suavidad en los labios. Un adiós tierno. Lo vio levantarse y acercarse a Rochi y Peter. Hablaron un momento, luego Pablo tomó el brazo de Rochi y se dirigieron a la salida.

Peter se acercó a ella.
Lali: Peter, no puedo hablar contigo ahora mismo. Quizá mañana, pero esta noche no.
Peter: Lo entiendo. Lo... lo siento.
Ella no se movió. Ni siquiera lo miró.
Lali: ¿Me lo habrías contado? —preguntó.
Peter: Sí. Iba a contártelo mañana.
Lali: ¿Por qué mañana?
Peter: Porque soy egoísta. Quería que me amaras una noche entera —ella alzó la vista, y Peter casi deseó que no lo hubiera hecho. Su traición era como una herida que había penetrado hondo, que la había marcado para siempre— No negaré que lo que hice fue desagradable —continuó— Y también reconozco que, hasta hace unos días, no tenía intención de contártelo. Pero eso cambió. Estar contigo me cambió —se acercó a ella, pero no la tocó. No lo haría hasta que ella se lo consintiera. Aunque lo mataba estarse quieto— Regresé a Houston sólo con una cosa en la cabeza. Hacer que lamentaras haberme dejado ir. Para que pagaras.
Lali: Felicidades. Misión cumplida.
Peter: Intento explicártelo —meneó la cabeza— Eso cambió, tan rápidamente que no supe qué hacer. Te toqué, y supe que no podría herirte más de lo que ya te había herido. Te besé, y supe que jamás había dejado de amarte, ni siquiera por un día. Lali, te amo. Quiero casarme contigo.

Ella se apartó como si la hubiera abofeteado.
Lali: ¿Queres casarte conmigo? Me hiciste pasar por un infierno. Cuatro largos años de culpa y remordimiento, culpándome por haber sido una persona terrible. Y en todo ese tiempo, tú... No puedo hablar de ello esta noche. Tengo que irme.

No había nada más que él pudiera hacer. Asintió derrotado y la observó salir del hotel. Fuera de su vida.

Había regresado en busca de venganza, pero lo único que había conseguido era una amarga decepción, y la pesada comprensión de que todo era por su culpa. Le acababa de mentir a Lali... no había cambiado en absoluto. Seguía siendo un falso, un fraude, y en ese momento más que nunca sabía que no la merecía. Nunca la había merecido.

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